Palabra del mes

Su obra – o ¿nuestra obra?

Septiembre 2015

Cuando uno se identifica con una causa, la hace suya. Así fue con David, quien hizo causa suya la devolución del arca de la alianza y la construcción del templo, porque le importaba mucho que el pueblo se santificara  a través de una correcta adoración de Dios.  Sin embargo, Dios corrigió sus ideas referentes a esta obra en un punto determinante. A David le hubiese gustado mucho comenzar la construcción del templo él mismo.  Pero Dios tenía previsto otra cosa: Su hijo Salomo debería construir el templo. David lo aceptó así y creó todas las condiciones necesarias para que su hijo pudiera realizar la obra.

Tenemos nuestras ideas y nuestros pensamientos sobre cómo debería ser la Obra de Dios, cómo se debería conducir y terminar. Pero de vez en cuando Dios nos hace ver que nuestras ideas bien intencionadas no corresponden a su plano.  ¿Estamos dispuestos entonces a decir: Sí, Señor, es tu Obra, condúcela como tú quieras?  ¿O nos retiramos ofendidos? ¿Acaso Dios no puede esperar de nosotros lo mismo que pidió siempre de nuevo en todos los tiempos de aquellos que se entregaron a su causa? A saber:  que dejen la Guía a Él y que renuncien a sus propias ideas. Un fiel siervo de Dios dijo una vez: Dios no terminará necesariamente nuestra obra, pero sí que podemos estar seguros de que terminará Su Obra. Es una palabra de peso – no solamente para portadores de ministerio.

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