Palabra del mes

¡Permite que te cuestionen!

Diciembre 2014

Sabemos que la asistencia a los Servicios Divinos aporta una bendición especial. También sabemos que podemos vivir al Señor Jesús de manera especial en ellos. Nos ofrece la palabra en la prédica, nos da el perdón de los pecados y celebra con nosotros la Santa Cena.  Así  entra en nuestro corazón. Para ello es importante que nos preparemos. ¿Acaso se recibe a una persona importante sin hacer los preparativos necesarios?

Al respecto hay una palabra en Apocalipsis que nos invita a reflexionar: El Señor Jesús promete en una de las misivas del Apocalipsis: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo.  

Hasta aquí la promesa del Señor Jesús.

Yo me lo imagino así: Jesucristo está delante de la puerta de nuestro corazón y llama. ¿Y por qué no  le abro? Una razón muy sencilla podría ser porque no he oído que llama. Él ha llamado a la puerta, o expresado en palabras modernas: ha tocado el timbre, y no lo he oído. Entonces no abro.  El Señor Jesús quiere venir a nosotros cada domingo y también en todos los Servicios Divinos de entresemana. Llama a la puerta de nuestro corazón. Si queremos oír cuando el Señor llama, hemos de procurar que entre el silencio en nuestro corazón. ¡Ésta es nuestra tarea! Si hay demasiado ruido existe el peligro que no oigamos cuando el Señor Jesús llama.  

Puede parecer una imagen muy sencilla, pero si reflexionamos bien nos daremos cuenta de que es muy acertada. Puede haber muchas cosas que impidan que entre el silencio en el corazón. Las cosas del día a día nos ocupan, tenemos preocupaciones, tenemos que soportar enfermedades u otras cosas que nos cargan. Quisiera mencionar el ejemplo siguiente: Cuando llaman a nuestra puerta, a veces decimos que no queremos que nos molesten ahora y no abrimos. También puede ocurrir que no queramos abrir al Señor Jesús porque no queremos que nos molesten. Dicho en otras palabras: No abrimos porque no queremos que nos cuestionen. Quizás nos sentimos incómodos si Jesús viene ahora mismo, porque nos podemos imaginar que nos va a decir lo que no está bien y qué hemos de cambiar.  Y uno no quiere cambiar, no quiere que lo cuestionen. Así que la puerta del corazón permanece cerrada, porque uno no quiere cambiar. Queremos mirar nuestro interior antes del Servicio Divino y decir: ¡Quiero hacer caso a Jesús y quiero cambiar!

Vale la pena hacerse la pregunta antes del Servicio Divino: ¿Qué es lo que me falta? ¿Qué es lo que necesito todavía para prepararme para el día del Señor? ¿Qué me falta para tener paz, para estar feliz, para restablecer el equilibrio del alma? A menudo uno se da cuenta entonces: Me falta mucho todavía. Y de repente, uno llega al Servicio Divino con un anhelo santo y le abre al Señor.  Entonces uno se da prisa y abre la puerta, porque sabe: Por fin recibo lo que me falta. Nuestra preparación para el Servicio Divino podría ser así: Queremos procurar que entre el silencio en nuestro corazón, para que oigamos cuando el Señor llama. Queremos cambiar, permitir que el Señor nos cuestione, queremos aceptar con anhelo lo que nos falta, para que la paz crezca en nosotros. Entonces el Señor nos dará lo que nos hace falta.  

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

 

¡Deseamos a todos unos días de Adviento y de Navidad bendecidos!