Palabra del mes

Dios conoce tu historia

Septiembre 2014

Tú y yo, hemos sido llamados por Dios. Hoy todavía no podemos comprender en todo su alcance lo que  esto significa. Pero sabemos: a quien Dios llama, también lo conoce. Dios te conoce a ti y me conoce a mí, nos conoce perfectamente. El conoce toda tu vida, conoce las circunstancias en las cuales estás viviendo,  Él conoce tu pasado y tu presente. Sabe todo de ti. Él conoce cada paso que das, cada uno de tus pensamientos, en una palabra: toda tu historia. Y porque te conoce te ha llamado. Tal como eres: un hombre con sus faltas y debilidades. ¿Por qué te ha llamado? Porque te ama a ti y me ama a mí. Así de sencillo.

¿Cuál es el objetivo con este llamamiento? O dicho de otra manera: ¿Para qué hemos sido llamados? En primer lugar nos ha llamado para que sigamos a Cristo. Porque Él quiere que lleguemos a su reino, y allí llegaremos fácilmente si seguimos el camino que Jesús recorre y al que nos invita: « ¡Ven, sígueme! Si me sigues entrarás en mi reino. » Somos llamados a entrar en el reino de Dios, siguiendo el camino que Jesucristo nos trazó.

Dios nos ha llamado también para otro fin: somos llamados para ser una fuente de bendición para otros. Este aspecto siempre forma parte de la vocación por Dios. Dios elige hombres, pueblos para que sean una fuente de bendición para otros.

Formamos parte  de un pueblo que ha sido llamado para proclamar la grandeza de Dios. Somos  llamados para proclamar el Evangelio, para ser una fuente de bendición para nuestra familia, nuestros amigos, nuestros vecinos, nuestro pueblo, nuestro país. Somos llamados a proclamar a Jesucristo y su sacrificio en el presente y más tarde en el milenario reino de la paz.  ¿No es esta una hermosa vocación, ser una fuente de bendición para tantas personas?

Y repito: Ser llamado quiere decir que Dios conoce nuestra historia, nuestra personalidad y que nos dice: « ¡Tú puedes ser una fuente de bendición para otros! » ¿No es esto algo grandioso?

Puede ser que a veces vacilemos y tengamos dudas, mirándonos a nosotros mismos, y preguntemos: «Yo, ¿una fuente de bendición? » ¡Si, tú precisamente! Dios te ha llamado porque eres lo que eres. Y me ha llamado a mí, porque soy como soy. Porque tú y yo, podemos ser una fuente de bendición para otros.

Y luego hay una tercera razón para nuestra vocación: ¡Serás coheredero de Cristo! Esto significa que recibirás las mismas cosas que Jesucristo. Compartiremos su gloria con Él. Esta es la voluntad del Padre. Él desea compartir su gloria con nosotros. Hemos sido llamados para ser coherederos de Cristo. No podemos imaginarnos lo que significa esto. Jesucristo ha vencido al infierno, a la muerte y al diablo y quiere compartir su victoria con nosotros.

Considerando esta dimensión de nuestra vocación divina a entrar en su reino, comprendemos que podemos ser una fuente de bendición para muchas personas, para que ellas también puedan conocer un día la gloria de Cristo. Esta es la gracia y este es el amor de nuestro Dios. Cuanto más tomamos consciencia de su amor y de su gracia, tanto más comprendemos lo que Dios quiere darnos a nosotros, su pueblo elegido. Y tanto más descubrimos la grandeza del amor de Dios.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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