Palabra del mes

Jesucristo – nuestro modelo

Julio 2014

Queremos tomar a Jesucristo como modelo y apropiarnos de su naturaleza, eso sí, estando conscientes de que nunca podremos compararnos con el Señor. ¿Qué significa esto concretamente? Quiero explicarlo tomando el ejemplo de la Pasión de Jesucristo.  El objetivo no es glorificar el sufrimiento en sí, ya que el sufrimiento no salva; solamente el amor de Dios puede salvar.  A través de los sufrimientos y la muerte de Jesús más bien se glorifica el amor de Dios, este amor de Dios a los hombres. Los sucesos que acompañaron la muerte de Jesús nos enseñan muchas cosas en este aspecto.

Ese hombre que fue ejecutado así era inocente. Condenaron a Jesús y Él apenas reaccionó a ello.  Él hubiese podido defenderse. Él hubiese podido acusar a los otros. Él hubiese tenido todo el poder para destruir a sus acusadores.  Pero, ¿qué hizo Jesús? Se quedó callado. Él sabía que todas las cosas estaban en las manos de su Padre.  ¿Cómo reaccionamos nosotros a las acusaciones? Enseguida buscamos un culpable, luego nos justificamos y acusamos por nuestra parte. La mayoría de las veces no encontramos al verdadero culpable, pero esto no nos detiene para acusar esta o aquella persona. Si somos conscientes de que todas las cosas están en las manos de Dios, renunciaremos a buscar obstinadamente un culpable para acusar. Quedaremos muy tranquilos, estoicos podríamos decir, sabiendo que todas las cosas vienen de Dios.

En la cruz, Jesús oró. Dijo: « Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen », y luego: « Dios mío, Dios mío, ¿porque me has abandonado? », y finalmente: « Padre encomiendo mi espíritu en tus manos. » En la cruz, Jesús incluso llegó a orar para sus  torturadores, buscando la comunión con su Padre, dialogando con Él.  De los primeros cristianos está escrito que perseveraban en la oración.  ¿Qué entendemos por ello? El Servicio Divino. Un elemento importante del Servicio Divino reside en el hecho que la comunidad se reúne, no solamente para escuchar la prédica, sino también para orar conjuntamente a Dios y formar así una congregación de oración. Adoramos a Dios, le presentamos nuestras intercesiones, le agradecemos y le presentamos nuestras preocupaciones y ruegos. Pase lo que pase, siempre queremos sentir la necesidad de orar.

¿Y cómo habla Jesús con Dios? Padre, perdónales. Lo llama su Padre. Ese Dios que lo ha permitido todo, ese Dios que no ha hecho nada para salvar a Jesús, a ese Dios Jesús Ie dice Padre. Esto da testimonio del amor incondicional a Dios.  Jesús incluso dice: « ¿Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado? » Dice: « Mi Dios », esto quiere decir que lo consideraba todavía su Dios. Jamás le había venido al pensamiento  decir: « Ya no es más mi Dios, me aparto de Él porque no me ha ayudado. » No, Él seguía siendo su Dios. Y luego rogó: « Padre encomiendo mi espíritu en tus manos. » Incluso en los peores momentos Él no había renunciado a su amor incondicional a Dios. ¡Hagamos lo mismo! Incluso cuando ya no entendemos nada más, cuando las cosas nos van mal y pensamos que Dios nos ha abandonado, no olvidemos: Él sigue siendo nuestro Padre, nuestro Dios. No renunciemos nunca a nuestra profunda vinculación con Dios.  

Naturalmente estamos conscientes de que no somos el Hijo de Dios, no nos podemos comparar con Él, pero Él es nuestro modelo. Nos esforzamos en hacer nuestra su naturaleza, pero sin la gracia de Dios no lo conseguiremos. Pensemos siempre: Todo proviene de Dios, todo está en la mano de Dios. No queremos nunca renunciar a las oraciones a nuestro Padre celestial.  

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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