Palabra del mes

Las armas del Espíritu Santo

Junio 2014

Celebramos la fiesta de Pentecostés en memoria del día en el cual Dios derramó el Espíritu Santo sobre los creyentes en Jerusalén. Por ello hablamos de este día como  del «aniversario de la Iglesia de Cristo» y la fiesta de la alegría, porque el Espíritu Santo todavía está obrando en su Iglesia  en nuestros días. ¿Cómo lo hace el Espíritu Santo? La epístola a los Efesios habla de vestirse con las armas de Dios, que nos pone a disposición; me refiero con ello a las armas del Espíritu Santo. Estas armas nos sirven para quedar firmes y vencer hasta el día del retorno de Cristo (comparar con Efesios 6:11).

La primera arma del Espíritu Santo que queremos utilizar, es la oración. Porque el Espíritu Santo es el espíritu de la oración: Nos dice por lo que hemos de orar y cómo hacerlo. Quien ora impulsado por el Espíritu Santo, está en diálogo con Dios.  Dejémonos estimular por el Espíritu Santo y hablemos con nuestro Padre celestial a través de la oración.

Entre las armas del Espíritu Santo está la capacidad de reconocer  los espíritus y de discernirlos, incluso cuando se camuflan. Todo es obra de estos espíritus cuando tenemos diversos problemas y pensamos: Soy un hijo de Dios, soy fiel desde hace muchos años, no es justo que tenga que vivir en la pobreza.  Entonces aplicamos el arma del Espíritu Santo. Reconocemos los espíritus y discernimos la voluntad de Dios de lo que se proponen estos espíritus: Dios quiere que quedemos fieles, incluso en la enfermedad y en la pobreza.

Otros dirán quizá que esta manera de proceder no les ha ayudado, entonces deberemos aplicar otra arma del Espíritu Santo, la maravillosa arma del coraje de la fe.  Porque Satanás, el príncipe de estos espíritus, aplica todo su poder para demostrarnos que es imposible hacer la voluntad de Dios. Aquí pienso en una palabra que el Apóstol Mayor Leber en su día nos colocó en el corazón:   « Aquello que es imposible para los hombres, es posible para Dios. » Ésta es la confianza y el coraje de la fe que proviene del Espíritu Santo.

Una vez, el diablo se acercó a Jesús para tentarlo. Le propuso hacer varias cosas, pero el Hijo de Dios cada vez le dio una contestación muy clara.  El diablo ofreció a Jesús todos los reinos de la tierra y parece que realmente tenía la esperanza que Jesús aceptaría.  Sin embargo, Jesús dijo  que no,  utilizando para ello el arma del temor de Dios.  Él sabía que todo lo que Dios daba siempre era mejor que todos los ofrecimientos del diablo.  El temor de Dios nos revela lo que viene de Dios. El temor de Dios es otra arma importante del Espíritu Santo.

Nuestro Padre celestial nos ha dado las armas del Espíritu Santo que son la oración, el hecho de poder discernir los espíritus, el coraje de la fe y el temor de Dios, y ha derramado su amor en nuestros corazones para que seamos capaces de amar a nuestro prójimo, incluso en  situaciones difíciles. El amor al prójimo es el arma más poderosa del Espíritu Santo.  

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)