Palabra del mes

La fe y la esperanza son inseparables

Marzo 2014

La fe y la esperanza van de la mano, ambas forman parte del ser cristiano. Un cristiano no puede estar sin esperanza.  Allí donde hay fe, también nace la esperanza. En resumen, para mí, la fe consiste en la siguiente certeza: Dios es todopoderoso y Dios es amor. Estas dos certezas hacen que pongamos nuestra esperanza en la ayuda de Dios. Porque Dios es todopoderoso y porque me ama, me ayudará. No abandonemos la esperanza en Dios, Dios quiere ayudarte y lo hará.

Además creemos en Dios a través de Jesucristo. También de esta fe resulta una maravillosa esperanza. Creemos que Jesucristo, el Hijo de Dios, ha venido a la tierra para hacer accesible a los hombres el perdón de los pecados y la vida eterna. Porque creemos en Jesucristo esperamos en la vida eterna. Ser cristiano significa: Tener esperanza en la vida eterna.  

Jesucristo también es la razón de nuestra esperanza. Porque Él ha prometido: « Retornaré… », Y: « Quiero que donde yo estoy, también estéis vosotros… » (Juan 17:24)  Él no solamente es la razón de nuestra esperanza, sino Él mismo es nuestra esperanza. Él es el objeto de nuestra esperanza; esperamos en Él.  Esperamos en la vida eterna, es decir en la comunión eterna con el trino Dios. Hemos reconocido  a Dios a través de Jesucristo. Por esto amamos a Dios, porque Jesucristo nos ha mostrado su Padre, el Dios verdadero y vivo: el Dios del amor, el Dios de la gracia, el Dios de la proximidad. Así aspiramos a estar eternamente cerca de Dios, este Dios que conocemos a través de Jesucristo. En este sentido Jesucristo es nuestra esperanza.  

Este es el Dios con quien queremos estar en comunión eterna. Esta es nuestra esperanza. Continuemos orando para que los hombres encuentren el camino a Jesucristo, porque nosotros tenemos esta fe y esta esperanza.               

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)