Palabra del mes

Jesucristo está en la barca

Enero 2014

Queridos hermanos y hermanas

Al inicio de un año nuevo uno  se pregunta qué nos traerá, qué dichas y qué sufrimientos estarán contenidos en él. Pero para nosotros también se nos plantea la pregunta: ¿qué traerá el año nuevo para nuestra fe? Podemos tener confianza en que Dios nos preserva, pero sabemos igualmente que nos esperan tempestades y peligros. En este contexto, quisiera llamar la atención sobre un episodio del Nuevo Testamento: la tempestad en el mar (Mateo 8:23-27). Jesús pidió a sus discípulos que lo llevaran al otro lado del Mar Galileo.  Se levantó una tempestad, la barca fue fuertemente sacudida y se llenó de agua.  Espantados, los discípulos despertaron a Jesús que estaba durmiendo.  El Señor calmó la tempestad, pero les reprochó su falta de fe: « ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? » Este suceso nos muestra en primer lugar, que Jesús, como Hijo de Dios, domina las fuerzas de la naturaleza. En la barca que se menciona aquí podemos ver alegóricamente la Iglesia de Cristo.  

La barca de la Iglesia de Cristo se ha visto confrontada con tempestades en el pasado y esto será así también en el futuro. En Europa tenemos que hacer frente a una regresión de la fe cristiana y a una evolución demográfica desfavorable. En otras partes del mundo estamos confrontados a una creciente influencia de religiones no cristianas, a un materialismo creciente, o también a un entorno político especialmente difícil.  Sería necio negar la existencia del peligro y  de los riesgos. Estoy convencido de que Dios podría arreglar todos estos problemas en un instante, pero no lo hace. Por lo tanto tenemos que preguntarnos, ¿qué podemos hacer nosotros?

La primera cosa que podemos hacer es confiar en el Señor. Los discípulos hubiesen podido tener más confianza que la barca no se hundiría, ya que el Señor estaba con ellos. Creemos que Jesús terminará lo que ha empezado. Y nosotros creemos en la Iglesia instituida por el Señor. La fe en la Iglesia de Cristo es inseparable de la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, hecho hombre. Ciertamente nos hacen sufrir las tribulaciones y las carencias que afectan el aspecto histórico de la Iglesia de Cristo, pero por ello no ponemos en duda nuestra fe en la Iglesia instituida y dirigida por Jesucristo.

Nosotros todos – seamos portadores de ministerio o no –no nos dejamos impresionar ni desalentar por las tempestades a las que estamos confrontados.

  • En una tempestad es normal arriar velas, para que no se rompan y que no precipiten la barca en el desastre; las velas se necesitarán todavía. El hecho que el número de comunidades en Europa disminuya y que adaptemos nuestros gastos a escala mundial a nuestras posibilidades financieras, no significa que nos resignemos a hundirnos – todo lo contrario –con ello nos damos los medios para atravesar la tempestad.
  • También es necesario sacar el agua que ha entrado en la barca. – Luchemos sin cansarnos contra las influencias perjudiciales para la Iglesia: las supuestas curas milagrosas, el poner en duda del apostolado o la sustitución de la fe por simple ética sin creer en Dios, para citar solamente algunas.
  • En la tempestad, todos los que están en la barca deben ser solidarios y apoyarse mutuamente. La solidaridad fraternal es esencial: seamos sensibles para las preocupaciones de otros, y en cuanto sea posible, ayudemos a llevar las cargas los unos a los otros.

Hay un requisito que vale para todos, siempre y en todas partes: ¡Jesús tiene que estar en la barca, en nuestra Iglesia! No es suficiente con afirmar que Jesús está « a bordo », ¡esto tiene que manifestarse! Todos deberíamos reflexionar sobre posibilidades de hacer aún más visible a Jesús en nuestra Iglesia. 

Vuestro

Jean-Luc Schneider

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