Palabra del mes

Estar preparado

Diciembre 2013

En este periodo de Adviento nos preparamos para la fiesta de Navidad, es decir a la celebración de la primera venida de Jesucristo en la pobreza: como niño pequeño Jesús fue puesto en un pesebre, no había ni una cama para Él. En nuestros días, las casas y las habitaciones son decoradas festivamente, se compran regalos y se ensayan cánticos para la Navidad. La gente se alegra de estar en familia en Nochebuena y a ir al Servicio Divino el Día de Navidad. Haciendo esto, no perdamos de vista la segunda venida del Señor, su retorno.

El Señor dijo que vendría cuando no lo esperábamos.  Dijo claramente que su retorno escaparía a todo cálculo humano. Nadie puede decir cuando retornará el Señor. 

En la Santa Escritura encontramos ejemplos de personas que fueron sorprendidas porque las cosas no se presentaban como ellas habían pensado: por ejemplo había aquel siervo que pensaba que su señor no volvería hasta pasado mucho tiempo (comparar con Mt. 24). Se volvía negligente y se comportaba de forma condenable. No estaba preparado para la vuelta de su señor. 

El que no cree más en el retorno inminente de Cristo corre el riesgo de no prepararse suficientemente. Prepararse para el retorno del Señor significa hacer morir la vieja criatura y permitir que la vida divina se desarrolle. Se trata pues de estar dispuesto a revisar nuestro comportamiento y a vencer ciertos  rasgos de carácter que desagradan a Dios. Nuestra preparación empezó en el día de nuestro Santo Sellamiento, cuando el amor de Dios fue derramado en nuestro corazón. Por los Apóstoles, el Espíritu Santo lo prosigue, dejando crecer en nosotros este amor. Un hijo de Dios que ama al Señor en toda pureza y sinceridad anhela su retorno y se prepara para él permanentemente. Y no será sorprendido por su retorno.

La preparación para el retorno de Cristo implica que los frutos del Espíritu, tal como los describe el Apóstol Pablo en la epístola a los Gálatas (Gálatas 5: 22,23), se hagan visibles en nosotros. El Señor quiere que seamos personas amables, dulces y pacientes, y que pongamos nuestro amor, nuestra dulzura y nuestra paciencia a su servicio y al servicio de su Iglesia.

La preparación de nuestra alma para el retorno de Cristo requiere tiempo y nos obliga a tomar decisiones. A veces nos hace falta renunciar a ciertas cosas, no porque ellas sean malas, sino para poder dedicar suficiente tiempo a la salvación de nuestra alma. Oramos sin parar para que el Señor retorne. 

En el día del Señor, los muertos resucitarán, nosotros seremos transformados y llevados hacia Él; de esto ya da testimonio el Apóstol Pablo (comparar con 1 Co. 15). A pesar de toda la preparación bendecida para la fiesta de Navidad, no perdamos de vista lo más importante: la preparación para el retorno de Cristo.  Tomémonos  tiempo para la salvación de nuestra alma, mostremos los frutos del Espíritu y venzamos aquello que no le agrada a Dios. Entonces el Señor podrá venir de sorpresa: ¡nosotros estaremos preparados!

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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