Palabra del mes

Quien se convierte al Señor experimentará que el Señor estará a su lado

Junio 2013

El profeta Jeremías, en su tiempo, recibió una palabra del Señor: «Por tanto, así dijo el Señor: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás ». (Jeremías 15:19). Ella proviene del contexto de las confesiones de Jeremías, en las cuales el profeta reflexiona sobre las cargas inherentes a su ministerio profético: Jeremías había recibido la palabra de Dios como un alimento, es decir con ganas y ansias, pero él no podía contarse entre los que se alegraban, al contrario,  él estaba sentado solitario, abrumado por la mano de Dios, ya que la responsabilidad del anuncio pesaba sobre él. Entonces Dios le dio al profeta esta palabra de consolación.  

Considerémosla como una promesa divina para nosotros: « Si tú te convirtieres al Señor, el Señor estará contigo. » Así uno puede expresar su relación con Dios. Sí, tan fácil…pero uno también puede poner un signo de interrogación a esta afirmación y preguntar: Si tú te conviertes al Señor, ¿el Señor estará verdaderamente contigo?  Quizá el uno o el otro pensará: Algunos han servido a Dios, han ofrendado siempre, han trabajado, y sin embargo, no les va nada bien.

Yo por mi parte, me atengo a esta palabra, a pesar de todo. De una manera u otra, en el momento y en el lugar dado se hará evidente, que el Señor está con nosotros, si nos unimos a Él.  Quizá esto no será siempre visible en seguida, quizá no lo percibamos en las cosas terrenales, pero, en todo caso, lo veremos en el momento cuando lo miraremos desde la distancia. Finalmente, todo será revelado en el día del Señor, porque está en la soberanía de Dios decidir la manera de atenerse a nosotros y el momento cuando lo hará.

Si somos fieles al Señor, el Señor también está con nosotros y lo percibimos. Sin embargo, las cosas no son tan fáciles. Pensamos que nos estamos convirtiendo al Señor, pero ¿lo hacemos verdaderamente?  Aclaremos las cosas, considerando el ejemplo del profeta Jeremías: Podremos constatar que el Señor tiene grandes exigencias. En su tiempo, el profeta se quejaba por la carga y la responsabilidad que conllevaba el ejercicio del ministerio profético. Argumentaba que no había elegido las cosas así. Luego, le fue dirigida esta palabra divina, en la cual uno podría percibir una cierta reprimenda: « Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás. » A pesar de su queja, a pesar de las oposiciones con las que se encontraba su mensaje, el profeta se había quedado firmemente unido al Señor. ¡Que nos sirva de ejemplo!

Este pasaje de Jeremías también muestra, que no siempre es fácil convertirse al Señor. Por ejemplo, cuando uno se queja – y ¿quién no lo hace? – diciendo: « ¿Tiene que pasar todo de esta manera? ¿No podría el Señor unirse a mí de una manera más clara?» Uno ha invertido mucho y a pesar de ello uno no llega al éxito. En el transcurso de un día nos vienen cantidades de pensamientos diversos;  atenerse al Señor en todas las cosas, también en los detalles, exige todo nuestro esfuerzo. Pero quien lo hace realmente, quien se atiene por completo al Señor comprobará que el Señor está cerca de él. Se tienen que vivir preocupaciones y sufrimientos, y sin embargo podremos comprobar que el Señor está cerca de los que se adhieren a Él. Deseo de todo corazón que cada uno pueda hacer esta experiencia de nuevo. Mis oraciones van en este sentido y me atengo inquebrantablemente a esta verdad divina: Quien se convirtiere al Señor comprobará que el Señor estará con él.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor Leber)

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