Palabra del mes

Trabajad por la comida

Febrero 2013

Quisiera remitiros a una palabra, con la  que me he ocupado mucho últimamente.  Esta palabra de Jesús dice así: « Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará. » (Juan 6:27).

Me he detenido en las primeras palabras: « Trabajad […] por la comida. » Después de haber buscado otras traducciones de este pasaje, me he parado en ésta, que parece ser la más comprensible: « Hay que ponerse a la obra no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece».

El contexto se esboza rápidamente: 5000 hombres (las mujeres y los niños no se habían contado) fueron alimentados con cinco panes y dos pescados.  Era un milagro de la multiplicación que el Señor había hecho. Poco tiempo después, esta gente volvió a Jesús.  Él les hizo entender que ciertamente también se ocupaba del bienestar físico, pero la comida que Él daba iba mucho más allá.  Luego les dio el consejo siguiente: « Trabajad, no por la comida que perece… » Lo interpreto así: « Dejad las cosas terrenales de lado, y poneros a la obra para obtener la comida que sirve para la vida eterna. El Hijo del Hombre os la dará, es Él quien debe prepararla».   

De una parte pues, el Hijo de Dios procura la comida que sirve para la vida eterna, y de otra parte, sin embargo, esto también requiere de un esfuerzo. Interpretaré esta comida como la palabra de Dios: La comida que sirve para la vida eterna es la palabra de Dios, que el Señor ofrece en los Servicios Divinos. No todos podrán recibir esto como comida para su alma.  Quisiera destacar esto: La palabra tan solo se hace comida para el alma cuando uno se esfuerza para recibirla. Esto significa que primero hay que tener el deseo de recibirla. Si uno viene al Servicio Divino en la siguiente posición: « Vamos a ver lo que pasará », uno pierde la relación interior con el Servicio Divino, uno no se esfuerza y no se podrá llevar gran cosa del mismo.

Es diferente, cuando uno viene lleno de anhelo y dice: « Amado Dios, muéstrame donde  todavía me falta algo. » Cuando uno tiene el deseo verdadero de enriquecerse con bienes celestiales en el Servicio Divino, uno se esfuerza, incluso lucha para que la palabra penetre realmente a la profundidad. ¡Haced un esfuerzo para obtener la comida, que el Hijo de Dios da! Es necesario que el alma aspire a recibir la palabra de Dios y que examine continuamente lo que le pueda servir de guía y de orientación para el tiempo que tiene por delante.

A veces se nos dice, que un Servicio Divino es un asunto de comunión. Es así: hay que ponerse a la obra conjuntamente y luchar para obtener la palabra de Dios. No es un asunto unilateral de quien oficia el Servicio Divino. Él tiene que luchar también, en primer lugar en su preparación y luego en la prédica misma. Si alguien se pusiera detrás del altar pensando: « Vamos a ver lo que saldrá », esta no sería la buena posición que lleva a la bendición. Esforcémonos y luchemos todos juntos en comunión para recibir la palabra de Dios, que viene de arriba como alimento para nuestra alma. Que realmente pueda ser así, que la percibimos como alimento para el alma, para que esta palabra ocupe nuestro corazón, nos acompañe y que saquemos nuestras conclusiones para nuestro futuro. Actuemos de esta manera.   

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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