Palabra del mes

Una palabra de consuelo

Noviembre 2012

A menudo me sucede que llego a comunidades y siento (sin conocer los detalles) que hay un gran peso de cargas y preocupaciones que los hermanos tienen que llevar. En este contexto me he fijado en una palabra, que encuentro muy hermosa y reconfortante.  Ella se encuentra en una epístola del Apóstol Pablo a los Corintios: « No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (1 Corintios 10:13). Es una hermosa promesa, que el Apóstol Pablo dio en su tiempo.   

La tentación existe, no podemos cambiar nada de este hecho. ¿Quién querrá pretender no haber sido probado o tentado nunca?  Las tentaciones pueden sobrevenir todos los días. Rápidamente puede surgir la pregunta, ¿por qué el Señor no ayuda? ¿por qué no dirige las situaciones de otra forma, de manera que yo, la persona afectada, pueda manejarlas mejor? Pero Dios no permite que seamos probados o tentados más allá de nuestras fuerzas.   El Señor ha puesto un límite que no se excederá y hace que la tentación encuentre así a un final, para que la podamos soportar. Dicho en otras palabras: Juntamente con la tentación el Señor también crea una salida, a fin de que podamos salir airosos de ella.

Quisiera profundizar aún más en este tema: El Señor no nos deja solos, sino que siempre nos da una posibilidad de salir de estas situaciones. No lo hace siempre de la manera que  desearíamos. Nos gustaría ver desaparecer todos nuestros males y vernos librados de nuestras preocupaciones, pero no es siempre tan fácil; sin embargo existe una salida.  El Señor crea una compensación, confortándonos y dejándonos vivir alguna experiencia que nos da la seguridad de que es Él quien lo guía todo.   

Recordémonos del pueblo de Israel, que después de haber salido de Egipto, se encontró en cierto momento ante el Mar Rojo: delante de ellos había el mar y detrás de ellos sus perseguidores. Sin embargo, el Señor había preparado una salida que nadie pudo prever. Las aguas se separaron y el pueblo pudo pasar con seguridad.  –Había una salida, de manera que los Israelitas quedaron protegidos.  Nosotros también vivimos cosas parecidas aquí o allá: Se abre una salida y sentimos en seguida que disponemos de fuerzas que nos permiten soportar las circunstancias que nos oprimen. Sentimos nuevos ánimos y vivimos que Dios está cerca de nosotros y con nosotros.

A pesar de todas las tentaciones y dificultades, de todos los problemas, de las preocupaciones y necesidades, no perdamos esta seguridad: existe una salida. El Señor cuida de que las cosas no lleguen a ser demasiado difíciles. La tentación tendrá su fin y lo que nos oprime será quitado.  

(Extracto de un Servicio Divino el Apóstol Mayor)

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