Palabra del mes

¡Quiero ver al Señor!

Septiembre 2012

Leyendo la Biblia regularmente, uno se da cuenta que, incluso para las historias y los textos que nos son familiares, uno descubre continuamente aspectos nuevos de los cuales se pueden sacar nuevos conocimientos. Entre las historias bíblicas conocidas, está la de Zaqueo, el publicano que había subido a un árbol para ver a Jesús.  En el Evangelio de Lucas, la descripción de su encuentro  con el Señor comienza con una frase significativa: Zaqueo « procuraba ver quién era Jesús» (Lucas 19:3).

Zaqueo era pequeño de estatura. Él quería ver a Jesús sin falta, pero a causa de la gran multitud no le era posible. No escatimando esfuerzo, finalmente subió a un árbol sicómoro. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio y le dijo: « Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. » Este encuentro con el Señor tuvo como efecto que la salvación entró en la casa del publicano. Todo había comenzado con su ardiente deseo: « ¡Quiero ver al Señor! » Nada pudo impedírselo, tan grande era su deseo de ver a Jesús.

Si queremos vivir la intervención del Señor en nuestra vida y experimentar su salvación - ¿quién no quisiera esto? -, es necesario que en nosotros también esté este deseo fuerte, este ansiar: « ¡Quiero ver al Señor! » No queremos contentarnos con experimentarlo una vez, sino este deseo y este ansiar tienen que renovarse siempre de nuevo, porque somos confrontados con diversas circunstancias y situaciones.  Entonces se produce lo grande: El Señor oye nuestro clamor y se dirige a nosotros. En su tiempo también se dirigió a Zaqueo, a pesar de que su vida no era tan impecable.

 « ¡Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa! » Siempre que uno se dirige al Señor con deseo, Él responde. Queridos hermanos y hermanas, esta es una ley divina, una promesa con la que se puede contar. Sin embargo, es necesario buscar siempre al Señor de todo corazón, como Zaqueo, y no retroceder delante ningún obstáculo. Entonces, el paso siguiente es este: El Señor nos dice: « ¡Es necesario que pose yo en tu casa! » Es lo que a veces olvidamos.

Si queremos vivir la intervención del Señor, si queremos que alguna cosa cambie en nuestra vida y en las circunstancias a las que estamos enfrentados, es necesario que el Señor entre y pose en nosotros, es decir, hace falta que le abramos nuestro corazón: « ¡Déjalo entrar! » No quedemos en distancia, no, al contrario, queremos dejarle entrar en nuestro corazón y permitir que haga morada en nosotros.  Entonces nos llegará la salvación y daremos el segundo paso, al igual que Zaqueo en su tiempo: Una vida nueva comenzará para nosotros.

Si adelantamos un paso más, podremos decir: Al comienzo de aquella nueva vida, que empezará con el retorno de Cristo, está este deseo ardiente: « ¡Quiero ver al Señor! » Si este deseo es lo suficientemente fuerte para vencer  todas las resistencias, el Señor con toda seguridad no nos ignorará en su día y nos hará entrar con Él en las moradas eternas.

(Extracto de un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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