Palabra del mes

¡Venzamos nuestras dudas!

Julio 2012

Al final del Evangelio de Marcos dice: « Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado» (ver Marcos 16). Había pues escepticismo, incluso entre los once apóstoles, que no pudieron comprender en seguida la transcendencia de lo ocurrido. Después de su resurrección la mañana de Pascua, el Señor había aparecido a María Magdalena y después,  « en otra forma a dos de ellos que iban de camino », como está escrito en el Evangelio de Marcos. Eran pues los que lo habían visto pero los once no les habían creído. A pesar de ello, el Señor no condenó a los apóstoles, no se entretuvo mucho rato reprochándoles su incredulidad y su dureza de corazón, sino que pasó de ello y les dio el encargo: « Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. » Esta misión sigue valiendo en la actualidad.

Es posible que pensamientos de duda y de incredulidad quieran surgir.  Esto no se puede evitar. Vivimos en un mundo, donde todo se quiere justificar y comprender de forma racional, con la razón y el entendimiento humano, incluso los acontecimientos bíblicos o la resurrección.  Sentimos muy bien que se tienen muchas dudas, que se cuestionan muchas cosas y que se intenta interpretarlas de forma distinta. Tales pensamientos también nos vienen a nosotros. No nos queremos entretener con la manera como otros las manejan. Pero vivimos en este mundo, y sin duda nos habrá venido el pensamiento alguna vez, si el Señor se manifiesta hoy a través de su palabra. El Señor conoce tales pensamientos. Los aparta mediante su palabra. Él no mira nuestras debilidades e imperfecciones, ni nuestras dudas. El Señor no nos juzga por ello, sino que nos quiere dar las fuerzas para vencer estas cosas y acabar con ellas.

¿Quién no tiene pensamientos de duda? No se trata necesariamente que se ponga en duda todo lo que el Señor ha hecho. Pero sí puede ocurrir que surja una u otra pregunta y que uno suspire diciendo: « Mi Dios, ¿es necesario que tengamos que pasar por todo esto que ocurre hoy en día ?» ¿Cómo reaccionamos? ¿Permitimos que estas dudas vayan trabajando en nosotros? ¿Permitimos que estos pensamientos se instalen en nuestro corazón? ¿Los divulgamos aún con la intención de encontrar confirmación en estas dudas? ¡Esto sería peligroso! 

Por el contrario, si pedimos a Dios que nos dé las fuerzas para vencer estas cosas, Él escuchará nuestro ruego y nos dará nuevo ánimo.  

Dirijamos nuestra mirada hacia adelante en la certeza que el Señor viene. Nos preparará, también para nosotros, un día en el cual podremos vivir nuestra resurrección. 

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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