Palabra del mes

¡Deja el mundo!

Mayo 2012

La Ascensión es una fiesta que toca el corazón. El Señor había terminado su carrera terrenal y fue alzado al cielo del círculo de sus Apóstoles. De repente, dice la Escritura, viéndolo ellos, fue alzado y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y la explicación, venida del cielo, vino enseguida: « ¿Por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, retornará.» (ver Hechos 1). Con ello, el camino del futuro estaba trazado. En cuanto a nosotros, no nos detenemos tampoco en lo que sucedió entonces, sino más bien lo consideramos como una indicación referente a nuestro futuro triunfal. Los Apóstoles sacaron de ello fuerzas y coraje para recorrer su camino de fe. Para nosotros, la palabra bíblica es una indicación: El Señor retornará. Estamos esperando que esto suceda.

Un día, el Hijo de Dios describió su misión con palabras muy concisas: « Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.»  (Juan 16:28). Es porque había salido del Padre y venido al mundo, que pudo volver al Padre. Sin embargo, ¿qué significan aquí sus palabras: « Dejo el mundo»? Sin duda, habló del dominio terrenal: él había dejado el mundo terrenal para retornar a su Padre. Quisiera ver en ello una divisa  para nosotros: « ¡Dejemos el mundo! » Nosotros no lo hacemos de la manera como lo hizo el Hijo de Dios, eso no lo podemos hacer. Para nosotros, dejar el mundo es renunciar a la naturaleza impía.

¿Qué significa dejar el mundo? Aquí no es cuestión de apariencias; lo que es determinante a los ojos de Dios, es lo que anima nuestro corazón. Es en nuestro corazón donde se trata de renunciar a la naturaleza impía, para poder celebrar nuestra « ascensión ». 

Ahora se plantea la pregunta: ¿Qué es esta naturaleza impía? El « mundo », la naturaleza impía, es cuando se ponen ídolos delante del Señor.  También en nuestro tiempo actual sigue vigente el mandamiento: « Yo soy el Señor, tu Dios; no tendrás dioses ajenos delante de mí » (Éxodo, 20:2). ¿Qué ídolos son estos? En nuestra vida también hay cosas que intentan ocupar el primer lugar en nuestras preocupaciones  y se quieren imponer  a nosotros: intereses diversos, inclinaciones, cosas que  llevamos en el corazón, que son importantes para nosotros. Esforcémonos para hacer que no haya otros dioses o ídolos delante  del Señor, sino que él siempre esté en primer lugar. Dejemos el mundo, tomando distancia de estos ídolos y poniendo al Señor en el centro de nuestra vida.

La naturaleza impía, eso también es ese orgullo, propio de nuestro tiempo, que consiste en creer que uno puede llevar su vida sin Dios. Queremos reconocer nuestra necesidad, estando siempre conscientes de que dependemos de la gracia. Velemos de no mostrarnos arrogantes, ni creernos grandes a los ojos de Dios.  Dejar el mundo es no ceder a este orgullo. Otra característica de ese tipo, que es del « mundo », consiste en pensar que por nuestro comportamiento ya hemos adquirido un cierto derecho a entrar en el reino de los cielos.  El pensamiento de poder contar únicamente consigo mismo, sin tener que confiar en el Señor, es una característica que se puede describir con « del mundo ».  Renunciemos a ello y confiemos completamente en el Señor.

La naturaleza impía, las características del mundo consisten en tener otros dioses delante del Señor, en entregarse al orgullo de pensar poder pasar del Señor, a contar con sus propias fuerzas y en desechar la confianza en el Señor. ¡Renunciemos a estas cosas! ¡Que el Señor nos pueda dar su gracia para poder logarlo!

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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