Palabra del mes

« Acuérdate de Jesucristo... »

Abril 2012

En la segunda epístola a Timoteo podemos leer este consejo de Pablo a Timoteo: « Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi Evangelio » (2 Timoteo 2:8). Esto no significa solamente: « ¡Acuérdate de ello una vez! », sino que es una exhortación: « ¡Toma plenamente consciencia de este acontecimiento! » En este sentido lo queremos entender hoy: ¡Acuérdate de Jesucristo! Toma plenamente consciencia de lo que sucedió, hazlo valer para ti, adhiérete a ello firmemente y déjalo actuar dentro de ti. Entonces puede llegar a ser una fuente de fuerza y de bendición en muchas situaciones.

Todos somos enfrentados a situaciones, donde estamos desalentados y nos sentimos desamparados. Acordémonos entonces de Jesucristo, para poder tomar nuevo valor. Cuando las cosas terrenales nos dominan hasta tal punto que nos sentimos aplastados por ellas, acordémonos de la resurrección de Jesucristo. Cuando las mujeres llegaron al sepulcro y preguntaron: « ¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro? », rápidamente vieron que esto ya estaba hecho. El Señor ya se había cuidado de ello. A menudo, estamos colmados de preocupaciones, lo terrenal nos parece una montaña gigantesca: ¿Cómo continuarán las cosas? – El Señor ya cuida de que las cosas que nos parecen insuperables, sean superables, a pesar de todo.

Con este testimonio: « Jesucristo, del linaje de David», la palabra bíblica indica que el Señor también era hombre; él era Dios verdadero por un lado y hombre verdadero por el otro. El ha vivido como hombre, y también era un hombre frente a la tentación, cuando se encontraba en el desierto y el diablo lo tentó; y él sufrió en la cruz como hombre. De ello sacamos la siguiente conclusión: Si al Señor entonces le era posible decir, incluso en el sufrimiento más grande: « No se haga mi voluntad, sino la tuya», entonces esto debería ser posible también para nosotros. Sé que esto requiere mucha fuerza, pero tengamos presente que el Señor ha sufrido por nosotros, y como hombre pasó por las cosas más dolorosas. A veces me entero de preocupaciones y dificultades de hermanos y hermanas, recibo correo, en el cual los hermanos y las hermanas me piden consejo e intercesión. Entonces les doy el consejo: « Tenemos el derecho de tener nuestros deseos y de pedir a Dios que nos escuche, pero dejémonos siempre guiar por el pensamiento: No se haga mi voluntad, sino la tuya. »

También se menciona el Evangelio de Jesucristo en esta palabra. El Evangelio es la buena nueva. Acordémonos que lo que ha sido puesto en nuestra alma es una buena nueva. Alegrémonos de ello siempre. Sé muy bien que la alegría sufre aquí y allá. Hay muchas cosas que nos quieren robar la alegría. Pero queremos salir siempre de nuevo del valle oscuro y volver a la alegría. No nos dejemos quitar esta alegría. Cuando el Señor había resucitado, los discípulos primero estaban desconcertados. Después, gracias a los encuentros del Hijo de Dios con algunas personas, la certeza se había impuesto: ¡Sí, el ha resucitado verdaderamente! ¡Qué alegría más grande habrán sentido!  De esta manera, la alegría debería superar todas las cosas. Estamos en camino hacia la patria celestial, a la meta de nuestra fe. Guardemos esto en espíritu, no permitamos que frente a las dificultades y los problemas de nuestro tiempo se nos pierda. ¡Quiera este mensaje de Pascua llenar nuestro corazón!

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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