Palabra del mes

Cristo en vosotros

Marzo 2012

En la epístola a los Colosenses hay una palabra que describe  de forma breve y precisa lo que nuestra vida de fe debería ser, lo que es nuestra meta y de qué manera las dos van unidas: « Cristo en vosotros, la esperanza de gloria. » (Colosenses 1:27). La epístola a los Colosenses pone claramente en evidencia que esto es un misterio: ¡Cristo en nosotros! Este misterio tiene dos lados: por una parte, el Señor nos da la gracia de entrar en nuestro corazón; esto es algo que no podemos merecer; es una gracia. Y esta gracia se manifiesta muy concretamente por el hecho que hemos renacido de agua y Espíritu. Este es el inicio de  « Cristo en vosotros. » En este momento, Cristo ha entrado en nuestra alma. Este « Cristo en vosotros » es afirmado en la Santa Cena. Es la comunión inmediata con Cristo a través de la Santa Cena.  De una parte, pues, una gracia.

Por otra parte este misterio también es un deber y una obligación para todos nosotros.  « Cristo en nosotros » significa que Cristo nos gobierna. Cristo en nosotros implica vivir, actuar, hablar e incluso pensar como Cristo nos ha dado el ejemplo.  Siempre teniendo  presente que nosotros no podemos compararnos con el Señor, queremos esforzarnos, sin embargo, en hacer nuestro cada vez más, la naturaleza de Cristo.

Lo que llama la atención en Cristo es, que alzaba los ojos hacia su Padre y esto ya desde que tenía doce años, en el templo, donde dijo : « ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar ? » « Cristo en nosotros » implica que nos volvamos hacia el Señor y que alcemos los ojos hacia él.

Cristo actuaba de manera que estaba aquí para los demás, misericordioso y servicial.   Jesús siempre ayudó cuando percibía una verdadera necesidad. Ser servicial y misericordioso no significa que tengamos que decir sí y amén a todo y participar en todas las cosas. Tenemos el derecho, con buena consciencia, a establecer límites y decir claramente: ¡Este no es mi deber! Altruismo y caridad, tal como el Señor nos ha dado el ejemplo, consisten en discernir la verdadera necesidad. Se puede tratar de una necesidad material o de una necesidad del alma, que no se puede percibir desde el exterior.  

Hablar como Cristo, significa decir la verdad. Jesucristo decía la verdad. Más aún, él es la verdad. Es un modelo a seguir por nosotros: Quedemos siempre en la verdad, pero sin herir.  Velemos siempre por respetar la dignidad de la persona y a actuar con amor.  

No sabemos precisamente los pensamientos de Cristo. Sin embargo podemos deducir ciertas cosas de la manera como se comportaba en el círculo íntimo de sus discípulos y como actuaba cuando estaba solo. A menudo, se apartaba y oraba, buscando la comunión con su Padre; este era su pensar. Una vez dijo a sus discípulos: « El que me ha visto a mí, ha visto al Padre ». Su pensar  era que los discípulos y todos aquellos que estaban alrededor de él, tenían que poder reconocer al Padre.

Vivir, actuar, hablar y pensar como Cristo – si esto se junta con la gracia que el Señor nos ofrece, el misterio podrá llegar a ser realidad: ¡Cristo en nosotros! Si Cristo está en nosotros, nuestra esperanza en el día del Señor es grande. Esperamos  el día del Señor en una esperanza viva.  

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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