Palabra del mes

Ejercitarse en la piedad

Septiembre 2011

Contrariamente a hoy en día, el deporte no era un tema en la Biblia. En el tiempo de Jesús, el deporte simplemente se había practicado como entrenamiento para la guerra o como elemento en los cultos paganos. Pero el Apóstol Pablo un día opuso la piedad al ejercicio corporal.  La piedad es un término que en nuestros días ya no nos es familiar o bien se está desvalorando.  Se le ve como ostentación y exaltación. Este término, como lo utiliza el Apóstol Pablo, tiene un significado muy diferente.  No expresa nada de exaltación ni de irrealidad. El Apóstol explica el valor de la piedad en el versículo siguiente: « La piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.» (Ver 1 Timoteo 4). La piedad encuentra su recompensa ya aquí en la tierra en todas las cosas; y especialmente tiene la promesa de la vida eterna.

¿Qué es pues la verdadera piedad delante de Dios? La piedad es, sobre todo, un asunto de corazón.  Ya lo he indicado antes: La exaltación y todo aquello que es ostentoso no tiene importancia a los ojos de Dios. En la parábola del fariseo y del publicano, el Señor Jesús se había dirigido precisamente a aquellos, que se tenían por piadosos y los que miraban a los demás desde arriba. El fariseo miraba al publicano desde arriba, tanto se sentía  extraordinario en lo que concierne la piedad; el publicano al contrario no quería ni aun alzar los ojos al Señor, se golpeaba el pecho, pidiendo: « Dios, sé propicio a mí, pecador » (Lucas 18:13).

La enseñanza de esta parábola es que la verdadera piedad es un asunto entre el Señor y nosotros; todo lo demás no sirve para nada. Una cosa es necesaria para manifestar esta piedad: el temor de Dios.  Sin temor de Dios no hay piedad. En el idioma  griego, se utiliza la misma palabra para piedad de Dios y temor de Dios.

Ser piadoso significa dar espacio a lo divino. Eso incluye la exhortación de no dejar espacio para el pecado. Eso siempre es difícil, especialmente en nuestros días. Queremos liberarnos de lo terrenal, y no queremos dejarnos acaparar por completo por las cosas de nuestro tiempo. ¿Cómo podemos lograr eso? Aconsejo unirse en pensamientos con lo divino y con lo que el Señor nos ha dado. ¿Porqué no hablar una vez en familia sobre el Servicio Divino, sobre lo que el Señor ha dado en su palabra? Queremos poner espacio para lo divino en pensamientos, en palabras, en la familia, en todos partes, donde es posible. Además, tomemos decisiones claras en favor del Señor y tengamos en alto la fidelidad al Señor y a su Obra.

Tenemos la tendencia a dejar muchas cosas para un futuro lejano, pero se trata de actuar hoy y de aceptar la salvación. « Ejercítate en la piedad », recomendó el Apóstol Pablo a Timoteo. Eso significa que no es una cosa automática o innata. Hace falta apropiarse de ella, es el trabajo de toda una vida.  Ejercitarse en la piedad significa pues ejercitarse en crear espacio para el Señor, a tomar decisiones para Él, ejercitarse en la fidelidad. Ya en el presente, el Señor puede bendecir aquellos que se esfuerzan a ser piadosos en este sentido.  

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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