Palabra del mes

¡Pongamos a Cristo en el centro de nuestra vida!

Agosto 2011

En su tiempo, el Apóstol Pablo escribió a los Corintios: «…y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos » (2 Corintios 5:15).

El Apóstol sacó la siguiente conclusión: Si es así que el Señor ha muerto para nosotros, entonces nosotros queremos vivir para él. « Vivir para él » significa en mis ojos: poner a Cristo en el centro de nuestra vida.  « Poner a Cristo en el centro de nuestra vida » no ha de ser una simple frase hecha, no ha de quedar en una cosa abstracta, sino ello debería estar grabado en nuestro corazón. Hoy en día existe el gran peligro de desplazar a Cristo al margen de nuestras preocupaciones. ¿Por qué es tan difícil en nuestra época poner a Cristo en el centro de nuestra vida? Creo que esto ha llegado a ser tan difícil, porque nuestro entorno social no nos ayuda en nada para que esto sea así, sino bien al contrario. Nosotros, sin embargo, queremos velar sobre nosotros mismos y poner a Cristo en el centro de nuestra vida y no marginarlo.  

¿Qué quiere decir marginar a Cristo en concreto?  Marginar a Cristo es cuando no tenemos tiempo para el Señor. Muchas veces en la vida es así: tenemos nuestras luchas, tenemos esto y aquello para hacer y no nos tomamos el tiempo para el Señor. De esta manera le marginamos.  Naturalmente hemos de ocuparnos de las cosas terrenales, no hay nada en contra de eso, es importante. Pero queremos echar una mirada a la profundidad de nuestro corazón para ver si no podríamos, a pesar de todo, poniendo toda nuestra voluntad, tener más tiempo para el Señor.

La segunda manera de marginar al Señor consiste en no tener alegría en el Señor. Es un peligro en nuestro tiempo. Pienso en los jóvenes que tienen sus proyectos y están participando plenamente en la vida y se hacen amigos con las más diversas ideas. Les aconsejo de ir con cuidado: Todo aquello no ha de dominarnos. La alegría en el Señor nos ha de llenar y estar en el centro de nuestra vida. Esto no es algo que cae del cielo, sino es un proceso largo: hay que experimentar de qué manera la alegría en el Señor enriquece nuestra vida.   

Si no tenemos tiempo para el Señor, si no tenemos alegría en el Señor, entonces tampoco tenemos esperanza en Él: ésta es la tercera manera de marginar al Señor. Uno ya no espera en la intervención de Dios en el día del Señor; la esperanza se hace segundaria en nuestra vida. No queremos marginar al Señor, sino ponerlo en el centro de nuestra vida. ¿Cómo se hace?  

Queremos consagrar tiempo al Señor, eso es lo importante. Cuando estamos ocupados con tantas cosas, tenemos que tomarnos ese tiempo. La alegría en el Señor también sufre a veces. Yo mismo estoy expuesto a este peligro como cualquier otro. No nos dejemos robar nuestra alegría. La alegría en el Señor se debería animar en muchos respectos: en la familia, en la comunidad, en la Obra de Dios queremos aportar lo nuestro para que haya alegría. Si tenemos tiempo para el Señor y tenemos alegría, entonces también tenemos esperanza en Él. Entonces viviremos sus intervenciones. Nos ayudará y nos llevará a la terminación. Queremos tomar conciencia del hecho que el Señor ha muerto para nosotros; eso debe animar y determinar nuestra vida. De esta manera no marginaremos al Señor, sino lo pondremos en el centro de nuestra vida. 

(De un Servicio Divino de nuestro Apóstol Mayor)

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