Palabra del mes

Procesos de transformación

Junio 2011

Una palabra de Samuel al rey Saúl se refiere al Espíritu Santo, ese mismo Espíritu que había descendido del cielo en Pentecostés sobre los discípulos que estaban reunidos en Jerusalén. Samuel había recibido el encargo de ungir a Saúl como rey. Después, el profeta anunció al futuro rey lo que pasaría en el futuro, dándole muchas indicaciones, entre otras estas palabras: « El Espíritu del Señor vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos y serás mudado en otro hombre» (1 Samuel 10). Se trata aquí de un grupo de profetas que Saúl encontraría, con los cuales el rey debía profetizar, es decir, comportarse como estos profetas. En el tiempo del Pacto Antiguo había grupos de profetas que recorrieron el país, profetizando. Puesto que el Espíritu Santo debe intervenir en nuestra palabra bíblica, queremos transcribir la expresión de « profecía » con el término « entusiasmo ». Según esta palabra, el Espíritu Santo nos eleva sobre las cosas naturales hacia unos niveles más elevados. Entonces el profeta anunció al rey: « … y serás cambiado en otro hombre. » Este es el efecto del Espíritu Santo: primero la profecía y el entusiasmo, luego el cambio para llegar a ser otro hombre.

Quisiera subrayar este último punto: el Espíritu Santo suscita la transformación, el cambio y hace que uno llegue a ser otro hombre. Eso es la eficacia del Espíritu Santo, eso es Pentecostés. En el transcurso de nuestra vida, las cosas terrenales exigen mucho de nosotros, pero cuando este proceso de transformación comienza y cuando actúa el Espíritu Santo, las cosas espirituales ocupan un lugar cada vez más central en nosotros. Visto desde un punto de vista natural, hemos recibido una parte sana de egoísmo al nacer; sin embargo bajo la actividad del Espíritu Santo tenemos el deseo de llegar a ser una fuente de bendición para otros. El egoísmo y el egocentrismo cada vez ocupan menos lugar y el deseo de ayudar a los demás cada vez es más grande. Es un proceso de transformación. De esta manera actúa el Espíritu Santo, él obtiene ese resultado. En realidad, eso no significa que debamos renunciar a todas las cosas terrenales, pero las cosas eternales deberían ser nuestra prioridad.

La actividad del Espíritu Santo suscita un proceso de transformación. Una irritación, la cual es comprensible desde el punto de vista humano, es superada y nace una disposición a la reconciliación. El cambio efectuado por el Espíritu Santo transforma el desánimo en nuevo valor. Todo ello es la labor del Espíritu Santo y se produce lo que evoca la palabra bíblica: uno puede llegar a ser otro hombre.

No se trata de un cambio exterior, sino de una transformación del hombre en una personalidad de fe, es decir una persona de fe y de paz, de esperanza y de espera tranquila. Esto se notará en nuestro entorno, será como una especie de “marca”, una característica que nos define.

Queremos dar cada vez más espacio al Espíritu Santo, para que ese cambio se haga visible, que lleguemos a ser personas de fe, de paz y de esperanza, y que alcancemos la perfección. ¡Que nuestro corazón siempre esté lleno de la fuerza del Espíritu Santo!

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

Palabra del mes

Con todo poder

(Noviembre 2019) El Espíritu Santo obra con poder – esto era así en tiempos antiguos, como también lo es en la... [Leer más]