Palabra del mes

Recordar, despertar, mantener despierto

Mayo 2011

Leyendo las cartas de los Apóstoles en el Nuevo Testamento es sorprendente descubrir, que en el tiempo de vida de estos Apóstoles  ya era cuestión de conservar, mantener despierto y de recordar los contenidos y conocimientos importantes de la fe. Si tenemos en cuenta que estas cartas temporalmente están todavía muy cerca de la vida de Jesús – el Apóstol Pablo escribe en un pasaje que la mayoría de los testigos presenciales del Resucitado aún estaban en vida -, es sorprendente constatar los peligros que habían aparecido muy rápidamente  en el seno de las comunidades: algunos contenidos esenciales de la fe amenazaban con perder importancia; algunos los habían olvidado o simplemente habían sido cubiertos por otras cosas.

Sino, como nos explicaríamos que los Apóstoles se habían dirigido a las comunidades en un tono casi suplicante, con formulaciones como por ejemplo: « Os recuerdo, hermanos… », « Lo tengo por deber (…) de despertaros y de recordaros… », « Esta ya es la segunda carta (…) en la cual os recuerdo… » ? Era evidente que había peligro inminente y – como diríamos hoy – necesidad de actuar: Había que mantener despiertos los contenidos de la fe y despertarlos de nuevo y recordarlos. Desde el principio era tarea de los Apóstoles mantener despierto lo que no podía dormirse, y de despertar lo que se había dormido aquí y allá. ¿A caso esto no valdría también para los Apóstoles actuales, en una medida aún más grande?

Yo también, como Apóstol Mayor, considero que mi misión está en mantener despiertas las cosas divinas en las comunidades en todo el mundo o, si fuera necesario, despertarlas de nuevo. Todos hacemos la experiencia en el transcurso del tiempo, que nos cansamos. También podemos cansarnos en la fe; entonces hace falta despertarla de nuevo y llenarla con una vida nueva.

A veces escucho de gente joven, que dicen que todavía no han vivido la intervención de Dios. En este caso les recomiendo que se esfuercen de aplicar su fe conscientemente, de ser verdaderamente nuevo apostólicos, de parte a parte. Entonces tendrán experiencias en la fe, que vivificarán su fe.

¿Y cómo es con los ancianos, donde también hace falta que la fe se despierte? - ¡Acuérdate de todo lo que has vivido ya en la fe!  ¡Cuenta los favores de Dios y vuelve a poner al orden del día todo aquello que en el transcurso de los años se ha quedado tapado o enterrado – hazlo revivir en tus recuerdos, para que pueda contribuir de nuevo a tu bendición! 

La esperanza en el día del Señor: ¡Cuán fácilmente puede ser relegada a un segundo plano, rápidamente puede dormirse!  Es así, la esperanza en el día del Señor puede quedar ahogada por las preocupaciones de la vida cotidiana.

Cierto es que la esperanza no se manifiesta siempre con la misma intensidad y no siempre está igual de viva; está claro que los seres humanos estamos sometidos a variaciones.  Pero es peligroso para nosotros que la esperanza se duerma, porque es muy difícil después de volverla a despertar. No queremos permitir que las cosas lleguen a tal punto: La esperanza en el día del Señor debe quedar viva y no se debe cubrir por otras cosas – para los Apóstoles es una prioridad en nuestro tiempo de velar sobre ello.      

(De Servicios Divinos del Apóstol Mayor)

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