Palabra del mes

Hacer el bien

Enero 2011

El año 2011 está delante de nosotros. En el curso de este nuevo año también seguiremos poniendo nuestra confianza en Dios y esforzándonos para alcanzar la dignidad para el regreso de su Hijo.

Quisiera dar como lema para este nuevo año la siguiente frase: ¡Hagamos el bien! En este contexto pienso en una palabra del Apóstol Pablo dirigida en su tiempo a los Gálatas: « Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe. » En las buenas obras que hacemos, es donde se mide la calidad de nuestra fe y de nuestro amor. Como lo aconseja el Apóstol Pablo, queremos hacer el bien a nuestros hermanos y hermanas y a todos los hombres. Nuestro comportamiento en el seno de la comunidad muestra hasta qué punto estamos llenos del amor del Señor.

Sé que en las comunidades se hace mucho bien por amor. Mucho pasa desapercibido para el público. Aún así me parece bien, dar un nuevo impulso, para que no  aflojemos en nuestra disposición de estar el uno para el otro y de ayudarnos mutuamente. ¡Qué la voluntad para hacer el bien nos pueda acompañar a lo largo de todo el año! En esto también, el Señor Jesús es nuestro modelo y nuestro referente. Toda su vida estaba determinada por su devoción al ser humano; incluso podemos decir, que ha vivido únicamente para los demás. Permítanme de citar algunas anécdotas de la vida del Señor que nos pueden servir de ejemplo:

Pensemos en las bodas de Caná. Allí Jesús dio una primera señal para manifestar su gloria. Lo hizo en el cuadro de una cosa más bien secundaria y poco espectacular: Durante la boda el vino se había agotado. Esta circunstancia seguramente había empañado la alegría en la fiesta, pero de por sí no tenía nada de catastrófico. El Señor no ignoró simplemente esta pequeña carencia, sino ayudó. De ello sacamos la siguiente lección: ¡No tomes ningún bien por demasiado pequeño! En numerosas ocasiones, cuando estaba confrontado a enfermedades y a la miseria, dice la Escritura de Jesús, que estaba conmovido de compasión. Él se dejaba pues conmover por la miseria de la gente.

Nosotros también queremos seguir siendo sensibles a la miseria de los demás. No permitamos que la agitación del tiempo presente embote nuestra capacidad de percibir las preocupaciones y la miseria de los demás.

Cuando Jesús se había enterado de que Lázaro estaba enfermo, no se quedó más tiempo en el lugar donde se encontraba, sino se puso en camino a Betánia. Era un camino peligroso para Él, porque ya habían intentado lapidarlo allí, pero el Señor no se dejó retener.

No siempre es fácil hacer el bien, porque eso a veces significa renunciar y enfrentarse a dificultades. A pesar de los problemas que puedan surgir, no nos dejemos retener en hacer el bien.

Permítanme que subraye una indicación muy importante: El Apóstol Pablo introdujo su exhortación para hacer el bien con las palabras: «… según tengamos oportunidad…» Por regla general siempre existe una ventana de tiempo para hacer el bien. Por muchas razones a veces puede ser demasiado tarde, cuando uno no pone manos a la obra a tiempo. Existe el peligro que uno se quede con el intento. 

Tales ventanas del tiempo existen en muchos campos de nuestra vida cotidiana. Por mi parte, yo viajo mucho en avión para servir a los hijos de Dios en los diversos países. A veces sucede que el piloto anuncia, que solamente dispone de una ventana de tiempo muy pequeña para el despegue. Si no la aprovecha, en primer lugar está obligado a esperar y ha de pedir una nueva autorización para el despegue.

Tengamos la sabiduría de comprender que solamente disponemos de una pequeña ventana de tiempo para poner nuestras buenas intenciones en práctica. ¡Aprovechemos pues  las oportunidades cuando se nos presentan!

Quisiera subrayar otra vez lo siguiente:

  • No tengas ningún bien por demasiado pequeño.
  • Déjate conmover por la miseria de los demás.
  • No te dejes retener en hacer el bien por dificultades que puedan surgir.

Queridos hermanos y hermanas, deseo a todos un nuevo año bendecido. Queremos siempre de nuevo poner prioridades y hacer el bien. Entonces también podremos, como dice la Santa Escritura, « cosechar a su tiempo debido ».

Con cordiales saludos,

Wilhelm Leber

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