Palabra del mes

El camino de la humildad y de la obediencia

Noviembre 2010

El evangelio de Mateo describe la manera como el Señor Jesús llamó a sus primeros discípulos al seguimiento (ver Mateo 4: 21-22). Los hermanos Jacobo y Juan estaban en una barca; le ayudaban a su padre a remendar las redes, cuando Jesús pasó y los llamó: « ¡Seguid-me!». De inmediato  dejaron todo y siguieron al Señor.

La Santa Escritura cuenta de numerosas ocasiones en las cuales Jesús había llamado a los hombres a seguirle; en nuestros días también nos llama a seguirle. Mientras que estaba en esta tierra, sus discípulos estaban en estrecha comunión con él y permanecieron cerca de él. En nuestros días, él ya no está en la tierra. ¿Cómo pues se puede seguirle? Esta palabra de la barca que se abandona se ha de entender en el plano espiritual. La barca simboliza una comunión de espíritu. Para seguir al Señor hay que abandonar alguna que otra barca, especialmente la barca de la incredulidad y la de la duda: Muchos seres humanos no creen en Jesucristo y menos aún creen en su manifestación actual en la persona de sus siervos. Cuando son llamados a seguir a Jesús, deben abandonar la barca de la incredulidad.

Otra barca en nuestro tiempo es la barca de la opinión personal. Muchos hombres tienen una opinión personal definitiva en muchas cosas: «No permito a nadie pensar en mi lugar», dicen, y eso vale especialmente para las cosas que conciernen al futuro y las cosas espirituales. Persisten en sus propias ideas y teorías y no están dispuestos a entrar en el seguimiento de nadie.  Pero nosotros no podemos insistir en nuestra propia opinión, sino queremos estar dispuestos a seguir al Señor Jesús.

Otra barca que nos podría retener es la barca de la desesperanza y la de la desesperación. ¡Salgamos de esta barca y sigamos al Señor Jesús! Los hijos de Dios están llenos de esperanza y no tienen ningún motivo para desesperarse.

En otra barca se encuentran todos aquellos que solamente se afanan por las cosas terrenales y no tienen ningún interés por las cosas espirituales. Para seguir al Señor hay que abandonar esta barca. Queremos llegar a la meta eterna y nos esforzamos para alcanzarla.  ¡Abandonemos pues esta barca y sigamos al Señor!

Para seguir a alguien es necesario tomar la misma dirección y el mismo camino como el que va delante. El camino del Señor tiene dos características: Es el camino de la humildad y de la obediencia. Sigámosle pues en esta dirección: Quedemos humildes y obedientes a la palabra de Dios. Así es como seguiremos al Señor. Es fácil decir que uno es humilde delante de Dios; practicar la humildad con nuestros semejantes es mucho más difícil. En esto también, el Señor Jesús nos ha dado un ejemplo: ¡Se puso a lavar los pies a sus discípulos! Tomemos el ejemplo de él y seamos humildes.

Para seguir a alguien no hay que permitir que se produzca una distancia entre los dos. Deseamos estar cerca del Señor. ¿Cómo llegaremos a ello?  Asistiendo a los Servicios Divinos, dirigiéndole nuestras oraciones, cultivando la comunión fraternal entre nosotros y los siervos de Dios, especialmente los Apóstoles. Queremos permanecer siempre muy cerca de él. Cuando venga a buscar a los suyos, aquellos que le habrán seguido no quedarán atrás, sino estarán eternamente con él. Esta es la meta que nos esforzamos alcanzar. 

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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