Palabra del mes

Una cultura de agradecimiento

Octubre 2010

« Alabaré al Eterno », está escrito en algunos Salmos. Alabar al Eterno, es decir, agradecerle, darle las gracias, está también en esta estación del año en el centro de nuestra celebración en el Servicio Divino, encontrándonos ante el día de agradecimiento por la cosecha.

El cantor de los Salmos alaba al Eterno  « a causa de su justicia». En este contexto, la justicia de Dios es sinónimo de fiabilidad y de fidelidad. Esta definición de la justicia está relacionada con el pacto que el Señor ha hecho. Después del diluvio, el Señor había hecho un pacto con Noé: « Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche. » (Génesis 8:22).  Este pacto incluye todas las condiciones propias a la creación terrenal, que son necesarias para el desarrollo de la vida y nuestro aprovisionamiento con alimentos.

Permítanme de aplicar estos elementos al periodo del día de agradecimiento por la cosecha: Mientras que la tierra permanezca, el equilibrio de la creación terrenal será preservado. Dios vela sobre que la sementera y la siega se perpetúen también en el futuro, de manera que podamos darle las gracias por ello, por la manifestación de su fidelidad y fiabilidad. Actualmente se habla mucho del cambio climático. Se sabe que el equilibrio de la creación terrenal se ha vuelto precario. Donde el ser humano interviene, este equilibrio rápidamente se pierde. Pero es necesario que este equilibrio se mantenga, sino la vida física está en peligro. Es precisamente lo que el Señor promete mediante su pacto con Noé, y sigue fiel a este pacto, una fidelidad inherente a su justicia: Mientras que la tierra permanezca, la sementera y la siega no cesarán; mientras que la tierra subsista, este equilibrio se mantendrá. Nada ha cambiado en el pasado: seguimos pudiendo alimentarnos y nuestra vida física está asegurada.

La tierra produce suficiente alimentos para todos los hombres; el que haya gente que pasa hambre en este mundo es debido a los problemas de reparto; pero de hecho habría suficiente alimentos para todos. ¡De veras, es sorprendente como  actúa este equilibrio puesto por Dios y garantizado por Él en su fiabilidad y su fidelidad! Es uno de los favores de Dios, por los cuales queremos darle las gracias en el día de agradecimiento por la cosecha.

Los favores de Dios no se limitan solamente a dones terrenales que el Señor nos ofrece  y que en muchos lugares ponemos simbólicamente delante de los altares. Estos favores de Dios son por ejemplo la bendición, que nos proviene cuando podemos tener comunión con el Altísimo y su protección angelical, que nos ofrece refugio;  también está el calor y la alegría que experimentamos en la comunión con los hijos de Dios.

Por mi parte deseo que el pueblo de Dios practique una verdadera cultura de agradecimiento hacia Dios. Queremos decirle siempre gracias al Señor, y especialmente en ocasión del día de agradecimiento por la cosecha, pero también en todas las demás circunstancias, para sus favores, tanto en el orden terrenal, como el pan cotidiano, como en el orden espiritual, como su bendición y su protección.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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