Palabra del mes

El pacto y la ley de Dios

Septiembre 2010

Ya en el Antiguo Testamento, Dios anunció a través de la boca del profeta Jeremías que tenía la intención de hacer un pacto, y lo describió en detalle con estas palabras: „Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón”, añadiendo la promesa: “y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.” (Jeremías 31:33). Esto se refiere al pacto del Espíritu Santo: En el día de nuestro Santo Sellamiento, Dios nos ha aceptado e integrado en su pacto. Así llegamos a ser su pueblo, y nos ha dado la promesa: „Yo seré a ellos por Dios”. Aquí dice que su ley ha sido escrita en nuestro corazón. En el Antiguo Testamento, Dios había dado al pueblo de Israel una ley, los Diez Mandamientos y otras prescripciones, grabadas en piedra. En el nuevo pacto que Dios ha hecho con nosotros, es diferente: Él ha puesto su ley en nuestro corazón y la ha escrito en nuestra mente.

Permítanme que describa esta ley divina:

El primer punto importante es la ley del amor. Dios nos ama, y Él espera de nosotros que también lo amemos. Esta ley nos la ha escrito en nuestro corazón. Si amamos verdaderamente al Señor, no queremos decepcionarlo.  Queremos estar en comunión con Él y estar cerca de Él. Y también le traeremos nuestras ofrendas, no por obligación o deber, sino porque nos sentimos impulsados para ello desde la profundidad de nuestro corazón; ésta es la ley del amor. Y ésta ley del amor implica también que nos amemos los unos a los otros; sosteniéndonos, facilitándonos las cosas los unos a los otros; oramos los unos para los otros y compartimos la tristeza de los afligidos.

La ley divina aún tiene otros aspectos: a saber la ley de la fe. Un día, el Señor dijo algo en este sentido: „Si creéis de verdad, podréis desplazar montañas“. La fe es una fuerza real. Nada nos puede atar, si estamos verdaderamente fuertes en la fe. En la Biblia podemos leer que mucha gente se dirigió al Señor Jesús, porque tenían problemas de salud o de otra índole; en muchos casos, recibieron ayuda, Jesús muchas veces les dijo: “Tu fe te ha salvado”. 

Otro aspecto de esta ley es la gracia divina. Dice en la Santa Escritura, que Dios da gracia a los humildes. Para recibir gracia, nos tenemos que acercar a Él en humildad y sabiendo que sin Él no podemos hacer nada.

También existe la ley del perdón; El Señor Jesús dijo a sus Apóstoles: „A quien perdonéis los pecados, les son perdonados“. Si quedamos cerca de los Apóstoles, tendremos el perdón de los pecados.

Finalmente también hay que citar la ley de la esperanza. Sabemos que el Señor Jesús regresará para llevarnos con Él. Esta ley ha sido puesta en nuestro corazón, y esperamos  cada día el cumplimiento de esta promesa.

Todas estas leyes han sido escritas en nuestros corazones. No las queremos olvidar, ya que ellas son el pacto que Dios hizo con nosotros. Él es nuestro Dios, y nosotros somos su pueblo.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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