Palabra del mes

Perfección

Julio 2010

El término perfección tiene algo inquietante. Uno  comprende que detrás de ello hay una gran exigencia: Hemos de llegar a la perfección, a la dignidad, hemos de vencer y estar preparados para el regreso de Cristo. Y viendo las faltas e imperfecciones uno se asusta: « ¿Cómo lo haré para llegar a la perfección? » Ciertamente, no llegaremos nunca a tal punto para poder  decir: « ¡Soy perfecto! » El Señor ya había mostrado en su tiempo que hay diferencias. En la parábola del sembrador dijo que incluso la buena tierra puede dar diferentes rendimientos: un grano puede dar fruto a treinta o sesenta o cien por uno. Existen pués diferencias y matices. Así que nuestra preocupación, que proviene del conocimiento que nos es imposible llegar a ser perfectos en todas las cosas, está infundada. Lo que importa, es que vayamos hacia la perfección y nos esforcemos para alcanzarla.

¿Cómo se llega a la perfección? Para ello es necesario progresar paso a paso, que haya un desarrollo, un aumento, un crecimiento. Esto es lo determinante para llegar a la perfección.

Permítanme que haga la siguiente pregunta: ¿Se puede observar un crecimiento en ti? ¡Cada uno de nosotros se evalúe! ¿Estamos creciendo en la fe? En el caso afirmativo, estamos en el camino hacia la perfección. ¿Se puede observar un crecimiento en nosotros, en el sentido que servimos al Señor más que antes?  Entonces estamos en el buen camino que lleva a la perfección. ¿Estamos creciendo en el sentido que somos capaces de huir cada vez más de las cosas impías y del pecado?  En el caso afirmativo, estamos en el camino hacia la perfección. ¿Estamos creciendo en el sentido que el amor se hace más perceptible en la comunidad? En el caso afirmativo,  estamos en el camino que lleva a la perfección.

Lo que es determinante para llegar a la perfección, es que haya un crecimiento. Ciertamente no lo lograremos por nuestras propias fuerzas. Es el Señor quien finalmente obrará la perfección en nosotros a través de su palabra y de su gracia. Haciendo uso de la gracia divina y luchando contra nuestras debilidades mediante la fuerza que nos proviene del mérito de Cristo, progresaremos, paso a paso, para llegar finalmente a la perfección.

Nuestra perfección no dependerá del hecho que hayamos llegado a la perfección en todas las cosas, porque ese no será el caso. Dependemos, ahora y en delante, de la gracia, también con vista a nuestra perfección. Si hacemos nuestra parte de trabajo, el Señor añadirá por gracia lo que nos falta aún.  Entonces se podrá decir, que habremos llegado a la perfección por la gracia.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)