Palabra del mes

El dedo de Dios

Mayo 2010

Antiguamente, el Señor quiso sacar al pueblo de Israel de Egipto bajo la conducción de Moisés. Los Israelitas sufrían mucho allí: Explotados por el Faraón tenían que hacer trabajos de esclavos en los campos y en la fabricación de ladrillos de arcilla y en la construcción de ciudades destinadas a reservas de cereales para el pueblo Egipcio.  A pesar de trabajar duramente, a los Israelitas les faltaba lo más esencial para vivir.

Entonces el Señor intervino. Le dio orden a Moisés de conducir al pueblo de Israel fuera de Egipto y del alcance del Faraón. Pero éste no quería dejarlos marchar. Entonces Dios envió diez plagas al país. Pero cada vez que una plaga había terminado, el Faraón endurecía nuevamente su corazón y no dejaba marchar al pueblo de Israel. Los magos del Faraón lograban incluso reproducir ciertas plagas, de manera que se podía tener la impresión que no era difícil ponerlas por obra. Las plagas eran cada vez más duras y un día los magos ya no sabían que hacer; dijeron al Faraón que esto era el dedo de Dios. Con otras palabras: Dios había intervenido y ningún hombre se podía oponer a Él.  Conocemos como sigue la historia: Un día el Faraón tuvo que dejar marchar al pueblo de Israel.

Ahora nos queremos preguntar, ¿qué puede  significar esto para nosotros, en nuestro tiempo? ¿Existe este dedo de Dios también hoy en día? Yo, por mi parte, digo: Sí, también en nuestro tiempo el Señor interviene. Todos lo podemos verificar cuando nos acercamos al Señor con un corazón creyente. El dedo de Dios se manifiesta también en nuestro tiempo, pero no hay nada de magia en esto, como lo suponían los Egipcios en la Antigüedad, es simplemente la poderosa voluntad de salvación de Dios que se cumple.

Voy a dar dos ejemplos: Más de uno entre nosotros ha sido invitado un día a asistir a un Servicio Divino en la Iglesia Nueva Apostólica y ha entrado en contacto así con la Obra de Dios. Yo veo en esto el dedo de Dios. Luego hemos sido sellados y hemos recibido el Espíritu Santo. Esto también es el dedo de Dios, que se manifiesta también de múltiples maneras en la vida cotidiana; pero para ello es necesario abrir el corazón.

Los magos habían reconocido el dedo de Dios en el hecho de que sus poderes se vieron limitados. Hoy en día reconocemos el dedo de Dios cuando asistimos al Servicio Divino. De repente escuchamos una palabra que nos toca especialmente; sentimos entonces que el Señor se dirige a nosotros, que nos quiere decir algo. Esto es el dedo de Dios en la acción de su palabra.

Si nosotros reconocemos el dedo de Dios en esta manifestación y actuamos en consecuencia, tendremos experiencias en la fe. También se puede experimentar el dedo de Dios en la oración. Cuando oramos con verdadero fervor, sentiremos la cercanía de Dios quien nos escucha. El dedo de Dios es su presencia. Si uno ora de forma superficial, no puede sentirlo. Para ello hace falta orar con fervor, luchar para obtener la ayuda de Dios. Entonces sentiremos como el dedo de Dios nos toca y nuestra oración es escuchada. El Señor nos conduce y dispone todas las cosas de forma que nos sirvan para nuestro bien y para bendición.

El dedo de Dios está presente en todas las partes, también en nuestro tiempo actual. Imaginemos el momento cuando el Señor termine su Obra: El dedo de Dios se manifestará nuevamente, y se escuchará una voz diciendo: «¡Venid los benditos del Señor, heredad el reino que está preparado para vosotros!»

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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