Palabra del mes

La eficacia del Espíritu de Dios

Noviembre 2009

Samuel tenía el encargo de untar a Saúl como rey. Haciéndolo reveló al futuro rey lo que le esperaría en el futuro, diciéndole entre otras cosas: « El Espíritu del Eterno vendrá sobre ti y profetizarás con ellos. » Y eso se cumplió cuando Saúl encontró a un grupo de profetas: El Espíritu de Dios vino sobre él y profetizó con ellos.  En algunas traducciones bíblicas se utiliza la palabra «arrobamiento», eso suena a «éxtasis», pero a veces también se emplea para decir «exaltación»,  como se expresa en algunas Biblias. Luego dijo el profeta: «Serás transformado en otro hombre». Tales son los efectos  del Espíritu Santo: Exaltación, transformación, llegar a ser otro hombre.

Todavía tengo presente en espíritu la exaltación de los jóvenes en el Día Europeo de la Juventud. Muchos factores han contribuido para que se produjera esa exaltación: Cada uno se ha integrado, cada uno se ha sentido bienvenido, ninguno se ha sentido excluido, y finalmente todos tenían la intención de alegrarse. Mi deseo es que en todas las comunidades reine una tal exaltación, suscitada del Espíritu de Dios. 

En su eficacia, el Espíritu Santo produce también una transformación del ser humano, de manera que lleguemos a ser otros hombres. Por un lado están las cosas terrenales, que nos acaparan a todos, pero cuando el Espíritu Santo entra en acción, comienza ese proceso de transformación, poniendo las cosas eternas en el centro de nuestra vida, de manera que la determinan. Bajo la actividad del Espíritu Santo uno llega a tener el deseo de ser una bendición para otros. El egoísmo cede el paso al altruismo: eso es un proceso de transformación.

A veces confiamos únicamente en nuestras propias fuerzas, pensando que lo manejaríamos todo por nosotros mismos. Pero bajo la actividad del Espíritu Santo cambiamos: Se pone en marcha ese proceso de transformación y confiamos en Dios. A veces nos enojamos, eso es humano. Pero bajo la actividad del Espíritu Santo se pone en marcha un proceso que hace que el enojo se transforme en  deseo por armonía y reconciliación. Otras veces estamos  abatidos por diversas razones; y viene el Espíritu Santo, esa fuerza transformadora, y nos da nuevo aliento para el alma. Todo eso es transformación por la actividad del Espíritu Santo; esa transformación tiene lugar en aquel que abre su corazón al Espíritu Santo para experimentar esa eficacia de arriba.

Si permitimos que ese proceso de cambio y de transformación obre en nosotros, podemos llegar a ser « otro hombre ». Podemos cambiar en hombre de paz. Abraham era un hombre de fe, pero también un hombre de paz, porque cuando sus pastores comenzaron a disputar con los pastores de Lot, estaba dispuesto a buscar una solución para restaurar la paz, incluso al precio de renunciar a ventajas personales. Es hermoso que también de nosotros se pueda decir: Ese hermano es un hombre de paz, esa hermana es una mujer que irradia paz.

Ese « otro hombre » también es un hombre de esperanza y de espera. En el templo, Simeón era un hombre que esperaba y aguardaba; estaba esperando al Mesías prometido. Era un hombre de esperanza, marcado por el deseo de ver al Señor, y lo vio, porque Dios no ha pasado por alto ese deseo.

Nosotros también queremos llegar a ser  « otro hombre »: hombre de fe, hombre de paz,  hombre de esperanza. Para este fin queremos dejar cada vez más espacio al Espíritu Santo en nosotros, para que se haga visible esa transformación y que ese proceso de transformación haga de nosotros otros hombres y lleguemos a la terminación. 

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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