Palabra del mes

Las fuentes divinas de salvación

Agosto 2009

«Sacaréis con gozo agua de las fuentes de la salvación»: En esta palabra, el profeta Isaías ya echó una mirada desde el Antiguo Testamento al tiempo del Señor Jesús (Isaías 12:3). El Señor Jesús entonces no había nacido aún; pero el profeta ya presentía las cosas que pasarían en el futuro, y las describió diciendo que habría maravillosas fuentes de salvación.  La mayor fuente de salvación es Jesús. Todos aquellos que sacaron agua de ella, fueron bendecidos y experimentaron verdaderamente el amor del Señor Jesús.

En nuestros días también hay fuentes de salvación, que evidentemente están en relación con Jesucristo. En todas las comunidades se  descubren cosas maravillosas. En primer lugar, la palabra de Dios, que es predicada en las comunidades, es una maravillosa fuente de salvación. Sacamos agua de esta fuente, abriendo nuestro corazón.  No queremos aceptar la palabra tan sólo con el intelecto, sino la queremos dejar penetrar en el alma. La palabra divina es un agua especial, porque calma la sed del alma.  

Otra fuente de salvación en el tiempo presente es la gracia, que nos es ofrecida. Sacamos agua de esta fuente. No nos contentamos con solo mirarla, porque esto no nos ayudaría para nada.  Imaginémonos una persona que está contemplando una fuente, admirando el espectáculo que se ofrece a sus ojos; por muy agradable que sea, esta vista no le quitará la sed. Hay que sacar el agua de la fuente. Cuando nos es ofrecida la gracia, queremos sacar el agua de la salvación de la fuente. Esto implica que estemos verdaderamente dispuestos a la reconciliación y al perdón y que roguemos al Señor de perdonarnos. Esto es comparable con el sacar agua de la fuente de la gracia.

La oración también es una fuente de salvación, un maravilloso medio para recibir poder y fuerza de nuestro Padre celestial. Aquí también tenemos que sacar el agua de la fuente; esto significa que no solamente oremos por costumbre, sino que lo hagamos desde la  profundidad de nuestro corazón, fervientemente, con toda nuestra alma.  Entonces sacaremos agua de esta fuente y nos apercibiremos de la cercanía de Dios y reconoceremos su ayuda: Él ayuda,  Él es la salvación. ¡Saquemos agua de esta fuente! Os aconsejo que oréis cada día y lo hagáis con fervor. Estamos acostumbrados a orar por la mañana y por la noche con la familia, siempre que es posible. Podemos orar siempre entretiempo, no hace falta juntar las manos para ello; basta con enviar un suspiro hacia el cielo. Esto también es una oración, siempre que lo hagamos de todo corazón. Entonces sacamos agua de esta fuente y podemos vivir milagros.

La ofrenda también es una fuente de salvación. Si somos fieles al Señor en nuestras ofrendas y hacemos lo nuestro, entonces no solamente le damos dones terrenales, sino también le ofrendamos nuestro tiempo, todo nuestro corazón. Entonces esto será como una fuente de la cual sacamos agua, porque el Señor quiere bendecirnos.

Otra fuente hermosa es la comunión fraternal en las comunidades. No se trata de una agregación habitual; esta comunión nos hace fuertes, porque sacamos agua de esta fuente. Si nos sentimos bien en nuestro lugar en la comunidad, entonces esto será una fuente maravillosa de salvación.  

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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