Palabra del mes

¡Es el Señor !

Febrero 2009

La Biblia nos cuenta sobre muchos acontecimientos que sucedieron después de la resurrección de Jesús. El Apóstol Pablo resume las apariciones del Resucitado en la epístola a los Corintios, que es sin duda el escrito más antiguo, diciendo que Jesucristo « resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras, y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez… Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, me apareció a mí. » (Comp. 1 Corintios 15).

Los Evangelios, ellos también dan testimonio sobre como el Señor apareció en diferentes lugares, relatando los acontecimientos más diversos. Esto muestra que los evangelistas no han podido retenerlo todo y que han tenido que hacer una selección. Estoy completamente convencido de que no han relatado todo lo que sucedió entonces. Sin embargo, las pocas cosas que podemos leer ya son muy instructivas.

Un día, el Señor había aparecido a los suyos en el lago de Tiberias. Los discípulos habían decidido de atender sus necesidades cotidianas; Pedro, Tomás, Natanael, Juan y Jacobo Zebedeo y algunos más habían salido en barco y se pasaron toda la noche intentando de pescar algo, pero sin éxito. Por la mañana, Jesús estaba en la orilla, pero sus discípulos no lo reconocieron. Les dijo: « Hijitos, ¿tenéis algo de comer? […] Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis». Y así se hizo. Siguieron su palabra, aunque hayan intentado en vano pescar durante toda la noche. Echaron las redes a la derecha, siguiendo la instrucción especial del Señor, y pescaron una gran cantidad de peces. Solamente entonces lo reconoció el discípulo preferido de Jesús: « ¡Es el Señor! » (Comp. Juan 21).

En el transcurso de nuestra vida nos ponemos ciertas metas y tomamos decisiones que conciernen nuestra existencia terrenal. Eso es bueno y tiene que ser así. Pero muy pronto nos tenemos que dar cuenta que llegamos al límite de nuestras posibilidades sin encontrar el éxito en lo que nos habíamos propuesto. En  el sentido figurado, esto es como si hubiésemos pescado toda la noche sin coger nada; hemos intentado todo, pero sin resultado. Si nos encontramos en una situación parecida, cambiemos de método: ¡Escuchemos la palabra de Dios, escuchemos lo que el Señor nos dice! Esto pueden ser instrucciones muy sencillas, como por ejemplo: « ¡Echa la red a tu derecha! ¡Ves a ver aquel que se mantiene al margen y dile una palabra amable! »

Los pescadores que eran entonces los discípulos, hubiesen podido pensar: « Nosotros sabemos muy bien lo que hay que hacer, finalmente somos pescadores profesionales y nuestras ideas son las mejores ». Pues no, ellos hicieron simplemente lo que el Señor les había aconsejado y tenían éxito; después también reconocieron que era el Señor.

Cuando hacemos lo que el Señor dice, entonces tenemos éxito. Pero hay que escuchar la voz de Dios y no encerrarse en sus propios pensamientos y proyectos. Más bien queremos dejarnos conducir por el Señor. Y si alguna vez fracasamos, hagamos un nuevo intento. Si escuchamos siempre de nuevo la voz de Dios, entonces tendremos la plenitud de la bendición.

(De un Servicio Divino del Apóstol Mayor)

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