Palabra del mes

La alegría de Simeón

Diciembre 2008

El Señor quiere colmarnos de alegría; esto ya lo había afirmado muchas veces a través de sus profetas. Ahora alguien podría preguntar: ¿Y de dónde proviene esta alegría?

Para nosotros surge la alegría de la consciencia que el Señor viene pronto. Además volveremos a ver nuestros amados que han partido al más allá.  El Señor nos llevará a esta alegría. ¡Qué momento más hermoso será éste! Entonces ya no habrá más separaciones ni más dolores. Entonces nos colmará la alegría divina completa.  Pero ya aquí en la tierra esta alegría debería hacerse activa; nuestros corazones han de prepararse para que podamos vivir este momento.

Existen más razones para tener alegría. Un motivo para tener esta alegría es cuando podemos tener experiencias en la fe. Cuando nos apercibimos de que Dios está cerca de nosotros, cuando vemos su manifestación, a veces en pequeñas cosas, esto es muy hermoso. Cuando siempre de nuevo experimentamos esta alegría, entonces recibimos nuevas fuerzas también para las horas difíciles.

Pienso en un ejemplo de la Santa Escritura, donde habla de Simeón, quien siempre iba al templo y esperaba al Mesías anunciado (véase Lucas 2). Este deseo debe haber estado muy ferviente en su corazón. Y finalmente llegó el día: El niño de nombre Jesús fue llevado al templo por sus padres. Simeón pudo reconocer que era el Mesías anunciado y dijo a Dios: „Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, ...porque han visto mis ojos tu salvación“. ¿Qué es lo que se podía ver en este momento? Un niño, como todos los demás niños. Pero en aquel momento Simeón habrá sentido, a través del Espíritu Santo, que Dios estaba presente.

Cuando uno abre sus corazón y ruega: „¡Amado Dios, manifiéstate!“, entonces Él mostrará su presencia. – Si esto lo podía vivir Simeón, entonces también debería ser posible que lo vivamos  nosotros hoy en día.

Cuando nos hace falta alegría y fortificación queremos rogar: ¡Amado Dios, muéstrame tu presencia, deja que pueda sentir que estás muy cerca de mí! El Señor no pasará de alto un ruego así. Esto lo puedo experimentar en muchas ocasiones en mi vida y esto hace sentirnos felices y seguros.  Nos alegramos concientes de que el Señor viene pronto y nos alegramos al reencuentro con nuestros queridos. Pero también nos alegramos de estos pequeños instantes, en los cuales podemos experimentar la cercanía de Dios.

(De un Servicio divino del Apóstol Mayor)