Palabra del mes

Los dones del Espíritu Santo

Julio 2008

A veces me preguntan porqué las almas selladas no manifiestan la totalidad de los dones del Espíritu Santo mencionados en 1 Corintios 12, 8-10, dando por sobreentendido que ciertos dones, como por ejemplo el hablar en lenguas o la curación de enfermos, son pruebas certeras de la posesión del Espíritu.

Para responder a esta pregunta sugiero que antes consideremos el texto bíblico. Leyéndolo atentamente veremos que el Apóstol Pablo enumera todos los dones manifestados en la iglesia de Corinto. ¿Porqué hace esto? Sin duda alguna porque en esta comunidad había un grupo de personas que se gloriaban de poseer ciertos dones especiales del Espíritu Santo, destacando presumiblemente la importancia de hablar en lenguas. El Apóstol debate con estos miembros de la iglesia y llega a emitir una crítica severa contre ellos.

Del hablar en lenguas, para citar este don, que quizá es uno de los dones más espectaculares, junto con el don de sanar, el Apóstol Pablo dice, que solamente fortifica y enriquece a aquel quien lo posee, sin aportar nada a la iglesia ni a aquellos que todavía no se han confesado a Cristo. Por ello el Apóstol exige primero que todo hablar en lenguas sea interpretado, para hacer comprensible lo que se dice.

Al hablar en lenguas el Apóstol Pablo opone la profecía. Este don no solamente revela el futuro, sino enseña el poder y la importancia de Jesucristo en el pasado, en el presente y en el futuro de la historia de redención. La palabra profética tiene como objetivo fortificar la fe de la iglesia, porque revela las declaraciones fundamentales del Evangelio. El Apóstol subraya que es el don de la profecía que importa, y no el hablar en lenguas, porque la profecía no presenta el riesgo de quedar incomprensible.

La profecía es un don del Espíritu Santo el cual también ha sido dado a nosotros. Se manifiesta cuando hablamos con seriedad y llenos de convicción de nuestro Señor Jesucristo y del fundamento de la salvación. La palabra profética se percibe allí donde se habla de la importancia de la muerte, de la resurrección y del retorno de Cristo. También se hace sentir cuando hablamos de la importancia del apostolado en el periodo actual de la historia de la redención.

En el contexto de los dones del Espíritu, el Apóstol Pablo subraya también el papel primordial de la fe, de la esperanza y del amor, que con toda seguridad son los dones espirituales más eminentes. Ellos dan testimonio, por excelencia, de la verdadera posesión del Espíritu:

o        En la fe en Jesucristo como fundamento de la salvación.

o        En la esperanza de su retorno.

o        En el amor hacia Dios y hacia nuestro prójimo.

El poder que penetra y determina todas las cosas es el amor. Dejemos que obre dentro de nosotros y que guíe nuestro ser; es el don más hermoso del Espíritu, porque el amor nunca deja de ser.

Con cordiales saludos, su

Wilhelm Leber

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