Palabra del mes

La paz – fundamento de la fe

Junio 2008

Antes del servicio divino me gusta hojear la Biblia para encontrar una palabra especial. En una ocasión mi mirada fue atraída por un pasaje en el libro de Daniel, donde cuenta de una visión que tuvo: Vio un hombre ¨…y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció, y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate!” (Daniel 10,18-19).

¿Acaso no hemos vivido nosotros también cosas parecidas ? Nuestro Padre celestial toca nuestro corazón, y nosotros nos abrimos a lo que Él nos ofrece. Entonces viene lo siguiente : Cuando nuestro corazón está tocado y sentimos el amor de Dios y percibimos su cercanía, sacamos fuerzas y nos fortalecemos. En esta palabra dice además : « ¡Muy amado, no temas!». No tenemos nada que temer, porque nuestro destino está en la mano de nuestro Padre celestial, y somos amados por Dios. Cuando estamos sometidos a cargas y confrontados a cosas que no están dentro de nuestros planes, a veces olvidamos, que nuestro Padre celestial nos ama.

Dice además : « Que la paz sea contigo! » Esto es algo muy valioso, porque vivimos en un mundo lleno de discordia, y en el cual circulan tantas opiniones diferentes. Por ello es tan importante que estemos en la mano de nuestro Padre celestial y que tengamos paz en nuestro corazón. A esta paz está asociado el deseo que tengamos una fe fuerte.

Que esta sea nuestra tarea de aquí en adelante : ¡Queremos ser fuertes en la fe y tener una firme esperanza en el Día del Señor! No lo queremos esperar como si hubiese de venir dentro de 100 años, sino más bien como si se pudiese presentar tanto hoy como mañana. Haciéndolo así  queremos ser activos en la comunidad, sosteniendo el trabajo de los Hermanos y con ello la Obra de nuestro Padre celestial. Es mi deseo que podamos ser fortificados en cada Servicio Divino, en cada visita pastoral y que podamos conservar estas fuerzas hasta el día del Señor, para poder estar eternamente con el Señor.

No queremos olvidar nunca: Todo empieza con que nos dejemos tocar por la palabra de nuestro Padre celestial y por su cercanía. Entonces seremos fortificados y sabremos: ¡Somos amados por Él ! Esto nos da paz, fortifica nuestra fe y nuestra esperanza y nos permite llegar a la meta.

(De un servicio divino del Apóstol Mayor)

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