Palabra del mes

La casa sobre la roca

Mayo 2008

En su Sermón del monte, Jesús menciona dos tipos de personas. El primero recibe su palabra y la mete en práctica ; el segundo también oye la palabra, pero no la aplica. El Señor los compara con dos hombres que construyen cada uno su casa. Hubo una diferencia entre los dos : El hombre sabio construyó su casa sobre la roca. Los que reciben la palabra y la meten en práctica se parecen a él. El otro hombre, el insensato, construyó su casa sobre la arena. A él se parecen aquellos que habiendo escuchado la palabra, no la ponen en práctica y viven su vida según su buen parecer (véase Mateo 7, 24-27).

Esta casa es nuestra vida. Cada uno lleva su vida en función de valores y de principios precisos, a su manera; cada uno construye su propia casa, diferente la una de la otra. Uno la construye sobre la roca, conformando su vida a los principios y criterios divinos. Aquel que no construye su casa sobre la roca, y por tanto no tiene este fundamento divino, la construye sobre la arena, como lo dice la parábola. Por consiguiente surgen las siguientes preguntas :

¿Cuáles son los valores fundamentales de nuestra vida? ¿Sobre qué fundamento construimos nosotros? ¿Cuáles son los valores los que determinan nuestra vida?

Esto son preguntas capitales, porque en esta imagen dice que cuando descendió la lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, la casa construida sobre la roca resistió, mientras que la otra, la que estaba construida  sobre la arena fue destruida.

Un detalle de esta imagen lo encuentro interesante: Mirando estas casas no se podía ver enseguida, si estaban construidas sobre roca o arena. La diferencia solamente se nota cuando llegan la inundación, la tempestad y la lluvia.  Cuando en nuestra vida de fe estamos confrontados a preocupaciones y cargas, a divergencias de opinión, entonces se sabrá si nuestra casa está construida sobre roca o sobre arena. Si la hemos construido sobre la arena, no encontraremos consuelo en tales situaciones, y nuestra vida será irremediablemente destruida; si, por el contrario, la hemos construido sobre la roca, nada la podrá destruir, eso es seguro. Quien ha construido su casa en la roca puede tener la firme esperanza de ser hallado digno en el Día del Señor. Su casa no será destruida, sino ella subsistirá eternamente. Vivirá eternamente con Dios.

Queremos ser obedientes como Abraham y siempre buscar la bendición divina como Jacob. Tengamos confianza en el Señor, y siguiendo el ejemplo de Daniel, tener nuestra ventana abierta hacia Jerusalén. ¡Que nuestro Padre celestial nos dé la fuerza para que podamos construir nuestra vida teniendo en cuenta estos principios divinos!

(De un servicio divino del Apóstol Mayor)

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