Palabra del mes

Renovación

Marzo 2008

En la naturaleza la renovación juega un papel especial. En invierno  en muchas regiones parece que se despoje y que toda vida se muera; sin embargo en primavera hay una renovación: Todo se despierta a una vida nueva. Esta renovación es un proceso repetitivo y constante que se produce todos los años.

En la Biblia el Apóstol Pablo utiliza muchas veces el concepto renovación. Lo asocia con un arrepentimiento y un cambio del entendimiento: «Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento» (ver Romanos 12,2). En otro pasaje dice análogamente : El hombre exterior se va desgastando, esto es la ley que conocemos todos, pero el hombre interior se renueva de día en día (ver 2.Corintios, 4,16).

Y ésta es la divisa que quisiera deducir de ello: Nuestra tarea consiste en la renovación del hombre interior de día en día.

Lo que tiene que renovarse es en primer lugar nuestra orientación hacia el día del Señor, porque no es suficiente con orientarse una sola vez hacia este día, y pensar que esto basta para siempre. Si aflojamos en esto, cada día seremos más absorbidos por las cosas terrenales, hasta no encontrar más tiempo para el Señor.

En segundo lugar hay que tener la certeza de que «nuestro Señor viene» en el corazón. Esta certeza no quedará allí automáticamente para siempre.

La tercera cosa que tiene que ser renovada es la alegría en el Señor y en su Obra. Somos confrontados con diversas situaciones y de repente nos damos cuenta de que esta alegría ha desaparecido. Hay que renovarla. ¿Y cómo? Estando activos en la Obra del Señor y estando completamente integrados en ella. Lo que es determinante, es nuestra fidelidad, el esfuerzo de estar en medio de la acción y que nos renovemos continuamente.

También hace falta que la paz en el corazón sea renovada. ¿Quién podría pretender de tener siempre paz en el corazón? Existen numerosos factores perturbadores que nos la roban. ¿Cómo podemos renovar la paz ? La mejor ocasión para ello es asistiendo a los servicios divinos: El hecho de recibir la palabra y la gracia de Dios favorece nuestra renovación interior.

Hay que renovar también la voluntad de vencer el mal, para que podamos deshacernos una vez para siempre de todas las cosas que nos cargan.

También hay que renovar la comunión fraternal, porque toda comunión está expuesta a variaciones en este aspecto. Puede pasar por ejemplo, que el buen ambiente, la alegría, la buena convivencia sean  perturbados. Y finalmente un último punto referente a la renovación: Hace falta renovar nuestra voluntad de compartir lo que hemos recibido, es decir dar testimonio. Es sorprendente cuántas personas todavía están receptivas para ello. Si efectivamente acceden a nuestra invitación y se integran en la comunidad, esto es otra cuestión, porque ésta es una decisión que cada uno tiene que tomar para sí mismo.

El Espíritu Santo nos ofrece las fuerzas para lograr esta renovación. En la ecología existe una expresión interesante : Energías renovables. Hace diez años nadie conocía este concepto, sin embargo hoy en día está en boca de todo el mundo. Las energías renovables son energías que se renuevan constantemente, sin que para ello se tengan que utilizarse materias primas. El viento y el agua son tales energías, que siempre se pueden utilizar de nuevo. El Espíritu Santo es también una energía renovable : No se agota nunca. Allí donde el Espíritu Santo gobierna, allí hay suficiente fuerza para renovarse. Queremos ser inteligentes y aprovecharlo para así cambiar nuestro sentir a través de la renovación.

(De un servicio divino del Apóstol Mayor)

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