Palabra del mes

Hay que decidirse

Diciembre 2007

La Santa Escritura relata que después de su nacimiento, Jesús recién nacido fue llevado al templo para ser presentado al Señor.   Así lo prescribía la ley de Moisés. Entre los judíos de aquel tiempo, solamente muy pocas personas percibieron el significado de este acontecimiento. Esto era el caso de Simeón, quién reconoció en el niño al Mesías prometido, el Salvador, y lo expresó de manera maravillosa: « He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y por  señal que será contradicha» (Lucas 2 :34). El no habló de fama ni de gloria, sino hizo una advertencia: La venida del Hijo de Dios, enviado por su Padre a los hombres, exige de ellos una decisión, una toma de posición.

Mas tarde, el Hijo de Dios mismo invitó claramente a los que le escuchaban a tomar una decisión. Él estaba destinado para  caída y  levantamiento de muchos,  y verdaderamente fueron muchos los que cayeron por su causa. Le renegaron o no le siguieron, incluso se irritaron por su causa. Pero otros le tomaron como ejemplo, levantando los ojos hacia Él, lo que les dio alegría y bendición.

Hoy en día es lo mismo. La acción del Hijo de Dios exige de nosotros decisiones. No es suficiente con hacerlo una vez, por ejemplo en la confirmación, y pensar que esto valdría para toda la eternidad. No, estas decisiones deben renovarse constantemente. El Hijo de Dios lo espera y lo pide así.

Aún voy a ir más lejos. Donde actúa el ministerio de Apóstol, donde se manifiestan los dones provenientes de Jesucristo, allí hay que tomar decisiones. ¿Reconocemos estas manifestaciones y hacemos de ellas la base de nuestra fe, o acaso nos molestan? Delante de Dios no vale el camino entremedio que nos gustaría tomar.

Este es mi mensaje de Navidad: Queremos tomar nuevas decisiones, adoptar una nueva posición de corazón. ¿Es el evangelio una nueva fuerza, una orientación en nuestra vida, o acaso solamente es un fenómeno secundario para nosotros?

Donde el Hijo de Dios se presentó en su tiempo, rápidamente surgió la contradicción. El es un signo destinado a provocar la contradicción. Allí donde se dio a conocer como Hijo de Dios enseguida surgió la contradicción. Cuando perdonó los pecados, muchos se preguntaron : « ¿Como se atreve a perdonar los pecados ?»

Hoy en día no es diferente: Allí donde los dones de Dios son ofrecidos, allí donde se puede escuchar la palabra de Dios y acceder a su gracia, allí no falta la contradicción. Simeón lo expresó claramente : Jesucristo es un signo que provoca la contradicción. No utilizó la forma condicional – el signo podría provocar contradicción – sino lo presentó como un hecho irrevocable: El signo provoca la contradicción. Esto no nos debe irritar.

Hoy en día se quiere indagar mucho sobre la vida del Hijo de Dios, para saber lo que pasó exactamente entonces.  No hay nada de malo en ello, pero en definitiva queda una cuestión de fe. No se puede reconstituir científicamente la vida del Hijo de Dios. En un momento u otro uno se topa con un límite.  Y entonces surge la pregunta: ¿Quieres decidirte para Él o en contra de Él? Nadie puede escaparse de ello. ¡Decidámonos pues!

(De un servicio divino del Apóstol Mayor)

 

La Iglesia Nueva Apostólica Internacional les desea mucha paz y alegría para estos días de Adviento y para la Navidad.

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