Palabra del mes

Nuestras pequeñas victorias

Octubre 2007

Después de haber expuesto a la iglesia de Corinto la victoria de Jesucristo sobre la muerte y la esperanza en la resurrección que resulta de ella para nosotros, el Apóstol Pablo concluyó sus explicaciones con las siguientes palabras : « Pero gracias sean dadas a Dios, quien nos da la victoria a través de nuestro Señor Jesucristo ». La victoria sobre la muerte que viene del sacrificio de Jesús es única e irrepetible. Existen, sin embargo, « pequeñas victorias » que nos podemos llevar en nuestra vida de fe.

La historia de nuestra iglesia da testimonio sobre el hecho, que después del reestablecimiento del Apostolado tales victorias han tenido lugar. Que un pecador se arrepiente, y el perdón de los pecados sea pronunciado por los Apóstoles en el nombre del Señor, esto es una victoria ; que seres humanos sean hechos hijos de Dios, esto también es una victoria ; que un incrédulo se vuelva creyente o que un necio acceda a la sabiduría necesaria para entrar en el reino de los cielos, todo esto son bellas victorias. ¡Que alguien que se había negado a servir al Señor, finalmente esté dispuesto a servirle, esto también es una bella victoria! En este sentido muchas victorias han sido llevadas en el curso de los más de 150 años pasados. Tenemos que constatar: Ha sido el Señor quien lo ha hecho posible, no ha sido fruto de nuestros méritos humanos.

Desearía, por mi parte, que tales victorias sean posibles también en el futuro, para que cada individuo reciba “una participación en la naturaleza divina”, como lo escribió el Apóstol Pedro. Nos hemos hechos participantes de la vida y de la naturaleza victoriosa de Dios por nuestro renacimiento con agua y Espíritu. Para que esta naturaleza divina se desarrolle en nosotros y llegue a la perfección, queremos irradiar el amor de Dios, relegar las cosas terrenales a un segundo plano, conservar la paz. Nuestras “pequeñas victorias” nos ayudarán para ello.

¿Acaso es esta visión de las cosas un poco demasiado optimista ? ¿No existen también derrotas ? Ciertamente ha habido también reveses aquí y allá. En ciertas ocasiones el príncipe de este mundo se llevó una victoria. Sin embargo, Dios puede hacer que lo que parece una derrota se transforme en una victoria: José quedó fiel al Señor y se apartó del pecado : “¿Cómo haría un mal tan grande y pecaría contra Dios ?” dijo cuando la mujer de Potifar le quería seducir. Finalmente fue metido en la cárcel, lo que primero parecía una derrota amarga; pero el Eterno transformó la situación en una victoria radiante: El faraón hizo de José el hombre más poderoso de Egipto. Por lo tanto hay que ser prudente y no emitir apreciaciones precipitadas. Cosas que en un principio parecían derrotas pueden transformarse finalmente en victorias. E incluso cuando una derrota parece ser irrevocable, no queremos fijar nuestra mirada en ello, sino mirar nuestras victorias. En uno de los Salmos dice: “Con alegría se canta de la victoria en las moradas de los justos ». Con alegría no se canta de derrotas, sino de victorias; el hecho de guardar éstas últimas presentes en espíritu y de adoptar la visión divina nos permite ver muchas cosas buenas, bellas y positivas. Queremos mirar siempre  la victoria.

(De un servicio divino del Apóstol Mayor)

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