Palabra del mes

Para nuestro bien

Septiembre 2007

Incluso durante la cautividad en Babilonia, Dios el Santo de Israel, se dirigió hacia su pueblo, prometiéndole su proximidad y lo enseñó. Así como lo hizo entonces, hoy en día también lo hace: Dios enseña constantemente a los suyos, mediante, de una parte, su palabra, y de otra parte, las circunstancias que les permite vivir, sin dejarlos por ello a la ventura. Los guía y los acompaña en sus caminos mediante su Espíritu. Estos pensamientos se basan sobre lo que está escrito en Isaías: „Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir.” (Isaías 48,17).

En nuestra vida de fe descubrimos muchas cosas que contribuyen a nuestro bien. En primer lugar citaré la oración. Los efectos que ella puede producir son evidentes cuando consideramos la vida de este gran orador: Daniel. Sus oraciones pusieron en movimiento muchas cosas, aunque no hayan impedido que fuera echado al foso de los leones. El hecho de orar no implica pues que podamos llevar una vida exenta de cargas y de pruebas; a veces tenemos que pasar al “foso de los leones”. A pesar de ello, y precisamente porque oraba, Dios protegía y guardaba a Daniel. ¡Las oraciones siempre son útiles!

El segundo punto es el temor de Dios, que siempre es útil. El Señor siempre otorga su agrado a aquel que lo teme. Una tal disposición de corazón siempre da acceso a la bendición de Dios.  En este contexto pienso en José: Estando en el temor de Dios no accedió al pecado. Por cierto, por ello fue echado a la cárcel, pero incluso allí el Señor no lo había olvidado. No nos apartemos del temor de Dios, sino dejemos que guíe nuestras acciones y nos aleje del pecado.

Un tercer punto que siempre ayuda, es la fe. En numerosas ocasiones, Jesús dijo a los hombres: „¡Tu fe te ha salvado!” No abandonemos pues la fe, incluso cuando a veces tenemos que pasar por circunstancias difíciles o estemos confrontados a resistencias. La fuerza que tiene la fe, el Señor mismo la puso en evidencia cuando dijo que con ella se podían trasladar montes.

Estrechamente unido a la fe, la confianza en el Señor también es indispensable:  „No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón” dice en Hebreos 10,35.  “Invertir” confianza en el Señor vale la pena, siempre nos aporta beneficio. ¡Hagamos prueba de nuestra confianza en todas las situaciones, y no la desechemos nunca! Esto ciertamente no es fácil cuando estamos en medio de la adversidad y de las aflicciones. ¿Pero no es precisamente en estos momentos cuando podemos  hacer prueba de nuestra confianza en Dios? Mientras todo nos va bien, no hay ninguna dificultad; ¡pero ojo cuando hay que llevar cargas! ¡Entonces se mostrará si realmente tenemos confianza!

Me gustaría citar aún un quinto punto: Servir al Señor. El Apóstol Pablo dice expresamente: „...sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano“ ( 1. Corintios 15,58). Esta palabra vale para todos los hijos de Dios, todos deberían colaborar. Quizá el uno o el otro podría pensar que lo que hace pasa inadvertido.  Los hermanos de cargo podrían pensar que sus visitas pastorales quedan sin efecto, pero no es así: Servir al Señor siempre es útil. Un día veremos los frutos de nuestro trabajo. Queremos estar siempre dispuestos para servir al Señor , también en las cosas pequeñas. No es necesario hacer grandes obras, porque el Señor mira al corazón.

Todos estos puntos citados nos los enseña el Señor, y con esto vuelvo a la palabra del profeta Isaías. Y lo que El nos enseña contribuye a nuestro bien, aquí y para toda la eternidad.

(De un servicio divino del Apóstol Mayor)

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