Palabra del mes

Ascensión y comunión

Mayo 2007

Debemos constatar que la Biblia no dice tantas palabras sobre la ascensión de Jesucristo, como relata sobre otros sucesos importantes del plano de salvación divino. Solamente encontramos algunas indicaciones. Pero lo que nos cuentan las epístolas de los Apóstoles al respecto es muy hermoso. Así dice por ejemplo en la carta a los Efesios: « Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”. Leyendo esto uno se sorprende quizá un poco. ¿Por qué dice que nos hizo “sentar” en los lugares celestiales? Fue el Señor quién subió a los cielos. Nosotros, por el contrario, vivimos aquí abajo, donde estamos confrontados a toda clase de problemas y dificultades. Lo que quiere decir el Apóstol es que el cielo, los lugares celestiales deberían ser nuestra patria espiritual. Cierto es que todavía vivimos en la tierra, pero solamente como huéspedes. Nuestra verdadera patria, nuestro lugar de implantación espiritual, es el cielo. Queremos comportarnos conforme a ello. ¡Cuán hermoso cuando se puede decir de una comunidad, que en ella se está como en el cielo!

Estando resucitados y sentados en el cielo esperamos nuestra ascensión. ¿Pero cómo la esperamos ?

La ascensión de Jesucristo contiene dos componentes: Una misión y una esperanza. .El Señor mismo expresó en este contexto lo que hay que hacer: « Vosotros seréis mis testigos». El evangelista Lucas nos ha descrito el resto de lo que aconteció en la Ascensión. Dice, casi como un reproche: «Hombres galileos, ¿por qué estáis parados aquí mirando al cielo? » Permítanme que lo exprese de una forma más drástica: ¿Por qué estáis parados aquí sin hacer nada? ¡Manos a la obra !

A veces nosotros también reaccionamos de la misma manera: Estamos tan absorbidos en nuestros pensamientos que nos quedamos sin hacer nada. ¡Pongamos pues manos a la obra! ¡Solamente en la acción hay bendición! ¡Dejémonos guiar por el Espíritu Santo, intentemos ser un testimonio en nuestro entorno! Esto naturalmente supone una actividad por nuestra parte.

¿Por qué quedarnos inactivos, mirando al cielo, sin más? ¡Este Jesús volverá! Esta es nuestra alegría, nuestra dicha, lo que esperamos cada día nuevamente. Actuemos de forma que se pueda decir también de nosotros lo que se dijo de los discipulos después de la Ascensión : « Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios ».

Ciertamente no podemos estar continuamente en la casa de Dios, esto no es posible, pero nuestra alma debe estar siempre cerca del Señor, o como lo dijera Pablo: «en los lugares celestiales», los cielos, es decir en comunión con el Dios Trino. En esta disposición viviremos el día en el cual se cumplirá la palabra dirigida a los Efesios con nuestra propia ascensión al cielo. ¡Qué todos podamos ser aceptados en gracia !

(De un servicio divino del Apóstol Mayor)

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