Palabra del mes

Para el Año Nuevo

Enero 2007

Queridos hermanos y hermanas,

Al principio del Año Nuevo os presento mis sinceros deseos de bendición y os deseo lo mejor para esta nueva etapa. Al mismo tiempo quiero agradeceros por vuestro afecto y vuestra fidelidad. ¡Que nuestro Padre celestial os recompense abundantemente por todo lo que habéis hecho con amor para su Obra.

Queremos dirigir nuestra mirada hacia delante. Quiero reiterar el consejo que el Apóstol Pablo dio en su tiempo a las Tesalonicenses: ”…no os canséis de hacer el bien”. Esto es una exhortación a no cansarse, a no perder los ánimos, a no dejarse contrariar en los esfuerzos. En la vida cotidiana uno a veces puede llegar a estar contrariado a tal punto que uno se cansa. Entonces se experimenta una resignación, que resulta de la conciencia de la influencia tan reducida que tiene el individuo sobre el desarrollo de las cosas, y finalmente uno se retira, pensando: Los que mandan hacen lo que quieren!

Esta misma contrariedad, este desaliento o cansancio también puede aparecer en la vida de fe. Uno tiene la impresión que el Señor no interviene, un año sucede a otro, sin que nada cambie. Delante de la falta de resultado en el testimonio uno corre el riesgo de cansarse; si nuestras súplicas no son escuchadas, corremos el riesgo de desanimarnos en nuestras oraciones. Por ello mi exhortación:

¡No nos dejemos vencer por el cansancio y el desánimo !

¿Cómo podremos protegernos de ello? Aquí mi consejo: ¡Demos a nuestra vida de fe constantemente nuevos impulsos!

Me esforzaré, en el transcurso del Año Nuevo, de caminar delante vosotros con alegría, sin cansarme o dejarme vencer por la contrariedad.

Reciban, queridos hermanos y hermanos, mis cordiales saludos.

Wilhelm Leber

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