Palabra del mes

Una estrategia diabólica

Septiembre 2006

Satanás, el adversario desde el principio, lleva una estrategia diabólica, que se hizo evidente ya en el huerto del Edén, donde la serpiente, como encarnación del diablo, preguntó: “¿Acaso Dios habrá realmente dicho …?” para así sugerir la interrogación: “¿Son las cosas verdaderamente tal como Dios las presenta?”. De esta manera quiso debilitar el ser interior, cuestionando y relativizando el mandamiento que Dios había formulado claramente y de forma inequívoca.

Para tentar al Señor Jesús en el desierto, el diablo procedió de forma parecida: Sugirió algunas cosas que a primera vista parecían anodinas, pero que tenían como motivo debilitar el ser interior. Satanás dijo: “Si tu eres el Hijo de Dios, convierte estas piedras en pan”. Con ello quiso socavar la conciencia que tenía Jesús de ser el Mesías. Después de su ayuno prolongado el Señor estaba sin duda hambriento, pero no entró en este juego: Frente al tentador se guardó bien de no hacer mal uso de su poder. Enseñándole todos los reinos del mundo a la vez, Satanás quiso subyugar a Jesucristo por este espectáculo impresionante para incitarlo a que lo adorara. Pero el Hijo de Dios no se dejo atrapar; no se dejó debilitar en su interior (Mateo 4).

En nuestros días numerosas influencias intentan debilitar el ser interior. La multitud de opiniones y conceptos religiosos se ha vuelto un verdadero mercado, donde cualquiera intenta vender lo que le parece verdadero. Ya no existen convicciones claras ni hay demarcaciones estrictas entre lo divino y lo humano. Una de las características destacadas de nuestro tiempo es la presión masiva sobre cada uno de nosotros por las cosas terrenales. Las dificultades y los problemas abundan cada día, especialmente en el mercado del trabajo. Cada día somos inundados de noticias y acontecimientos; todas estas circunstancias amenazan con debilitar nuestro ser interior. Ahora bien, el Señor quiere que “seamos fortificados a través de su Espíritu en nuestro ser interior” como lo escribió el apóstol Pablo (Efesios 3,16). ¡Así que no entremos en juego con Satanás, sino esforcémonos en fortalecer nuestra alma a través del Espíritu de Dios!

Quiero mencionar algunas características de esta fuerza interior: La capacidad de irradiar la paz que uno llevo en su interior, incluso en medio de un entorno agitado y bélico. Esto es lo que distinguía al Señor Jesús. Mientras todos estuvieron agitados, cuando lo acusaron y le pedieron cuentas, Él se quedó quieto y guardó silencio: Esto es fuerza del ser interior.

Otra característica de esta fuerza es un ser alegre, incluso cuando aparecen problemas, cuando las preocupaciones y aflicciones nos oprimen y cuando estamos en apuros, nuestra alegría no debería debilitarse. La alegría de saber que estamos inscritos como primogénitos en el cielo y de sabernos guardados en la mano de Dios es una alegría en la cual podemos perseverar, a pesar de todas las cargas. ¡Examinémonos pues para saber si somos débiles o fuertes en nuestro interior!

(De un servicio divino del Apóstol Mayor)

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