Palabra del mes

¡No titubear!

Julio 2006

La Santa Escritura relata la salvación de Lot de la destrucción de Sodoma. Dios había decidido destruir Sodoma porque el pecado de sus moradores se había agravado en extremo (véase Génesis 18:20). Dos ángeles fueron a casa de Lot y lo exhortaron a huir de la ciudad a toda prisa. Sin duda Lot había reconocido en estos dos hombres mensajeros de Dios; el contexto muestra que él creyó en la palabra de que la ciudad debía ser destruida. Aún intentó informar a su entorno y les dijo: „Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad.” Pero no le hicieron caso. “Pareció a sus yernos como que se burlaba“. Los ángeles, estos mensajeros de Dios, le dieron prisa a Lot y le dijeron: „Levántate, [...] para que no perezcas en el castigo de la ciudad.“ Luego dice: „Como Lot titubeaba, los hombres lo tomaron de la mano, lo mismo a su esposa y a sus dos hijas, y los sacaron de la ciudad, porque el Señor les tuvo compasión” (V. 16 según la traducción NVI). El Señor intervino, a través de sus ángeles, para que Lot y los suyos pudieron escapar de la perdición. (véase Génesis 19: 14-16 y 22:3).

 „Como Lot titubeaba…” - una actitud típicamente humana. ¿Por qué vacilaba Lot? Evidentemente estaba convencido sobre la veracidad de lo que los ángeles anunciaban sobre la destrucción; y a pesar de ello se impuso lo humano en él: ¡Titubeaba! Cuando las cosas se ponen serias, tenemos la tendencia a retroceder y a esperar para ver si existe una posibilidad de aplazamiento. La palabra “titubear” no es muy frecuente en la Biblia, pero en este pasaje caracteriza de forma pertinente el proceder humano.

Cuando hemos reconocido un mal, apresurémonos en salir de situaciones que no pueden agradar a Dios : Salgamos de pereza y superficialidad, de  incredulidad,  desasosiego e irreconciliabilidad. Desgraciadamente en esto muchas veces lo humano se impone: Vacilamos, titubeamos demasiado.

Quiero exhortarnos a todos: ¡No titubeemos, no vacilemos, tomemos las manos de los actuales mensajeros de Dios, de los siervos del Señor. A través de ellos el Señor se manifiesta hoy en día, en sus palabras, en su trabajo pastoral. Solamente tenemos que asirlas, pero este acto lo tenemos que hacer nosotros. Queremos estar dispuestos a dejarnos conducir; y las cosas que sirven para el bien de nuestra alma no las queremos posponer para más tarde. No queremos pensar que podemos aplazarlo un poco. Ciertamente esto sería humano, pero Dios quiere que actuemos de otro forma: Quiere que apliquemos sin tardar los conceptos que hemos reconocido indispensables.

Abraham no titubeaba. Cuando el Señor le dijo que sacrificara a su hijo, humanamente visto, hubiera podido vacilar, porque sacrificar a Isaac, el hijo de la promesa, era contra toda lógica humana. Pero está escrito en la Santa Escritura, que el día siguiente se levantó de buena mañana para hacer lo que el Señor esperaba de él, sin vacilar. Solamente en el último momento intervino un ángel para impedir que Abraham sacrificara su propio hijo.

El ejemplo de Abraham nos muestra que no hay que dar largas, diciéndose que quizá se presentará una oportunidad más favorable. No, queremos actuar hoy mismo, sin tardar: Ésta es la vía hacia la bendición. ¿Quién sabe si habrá oportunidad para poner en práctica lo que  uno se había propuesto? Deteniéndose, dando largas a todo, alguno podría llegar demasiado tarde.

¡Queremos actuar con inteligencia y sabiduría, aprovechando nuestra vida terrenal como un tiempo de gracia, el tiempo de acción!

¡Nosotros, cristianos nuevo-apostólicos, hijos de Dios,  queremos aplicar lo que nos dice el Espíritu de Dios y ser hacedores de la palabra!

(De un servicio divino del Apóstol Mayor)