Palabra del mes

La confianza: la vía hacia la bendición

Mayo 2006

Año tras año esperamos con invariada paciencia la venida del Hijo de Dios.¿Por qué nos cansaríamos de esperar? No existe ningún motivo razonable para ello. La promesa del Señor queda: Él vendrá a buscar a los suyos. Podemos confiar en ello.

Muchas veces he meditado sobre la importancia que tiene la confianza, nuestra confianza en el Señor, en su conducción, pero necesariamente también, en los hermanos que tienen la misión de bendecirnos. No desechemos la confianza, la cual, como ya lo dice en la Santa Escritura, tendrá un gran galardón.

Algunos se han quedado a mitad de camino. ¿Y por qué? Porque no tuvieron suficiente confianza. Pienso en el pueblo de Israel; en muchas situaciones le faltaba la confianza. Efectivamente: El peregrinaje a través del desierto era una prueba continua de su confianza en el Eterno. Cuando había dificultades, todo eran quejas, hasta incluso agredieron a Moisés. Estoy convencido que esta situación no era nada fácil para él. Las quejas no le sirvieron al pueblo de Israel de nada para seguir adelante; el Señor mismo tuvo que intervenir repetidas veces y hacerles comprender, que hubiesen podido confiar siempre en Él. Sin embargo muchas veces les faltaba la confianza...

Este ejemplo nos enseña la importancia que tiene la confianza en nuestro tiempo. Los que gimen y se quejan tendrán que aceptar la pregunta: ¿Tienes suficiente confianza? Si estamos descontentos con la conducción divina, esto también es una cuestión de confianza. Pongamos pues todo en la mano de Dios. Él sabe todas las cosas. Tanto más confiemos en Él, sin poner condiciones ni reservas, tanto más nos bendecirá. Ésta es la vía hacia la bendición.

Pienso en los discípulos que se escandalizaron por las palabras del Señor, cuando les dijo que tenían que comer su carne y beber su sangre. Muchos se apartaron del Señor por ello. ¿Por qué se separaron del Señor? Por la falta de confianza. Si hubieran tenido confianza en Él, se  hubiesen dirigido al Señor para pedir aclaraciones y hubiesen continuado esforzándose en comprender lo que Él les revelaba. Pero les faltaba esta confianza, y así siguieron sus propios caminos.

También a los discípulos de Emmaús, quienes tenían sus propios pensamientos e ideas sobre la misión de Jesús, les faltó la confianza: „Esperábamos que fuera Él quien salvaría a Israel“ dijeron. En su desamparo se marcharon de Jerusalén para seguir sus propios caminos. Sólo por la gracia del Señor se detuvieron y pudieron volver a Jerusalén.

El que tiene confianza en el Señor puede armarse de valor, porque sabe que el Señor le apoya y que tiene el respaldo del todopoderoso Dios. El que tiene confianza también sabe manejar con serenidad las cosas con las que se ha de enfrentar en la vida. No puedo prometer a nadie, que en su vida todo le vaya sin fricciones ni dificultades, una vida llena de dicha, porque ésta no es mi misión. Esto tampoco es lo que el Señor tiene previsto con nosotros aquí, sino Él nos quiere preparar para la eternidad. Así que tenemos que afirmar siempre nuestra confianza y también ponerla a prueba. Y esto lo hacemos cuando en situaciones difíciles, cuando muchas cosas no van como desearíamos, reaccionamos con serenidad y confianza. Estamos en la mano del Señor, ¡no lo olvidemos! Sé que esto se dice fácilmente  pero uno tiene que vivirlo personalmente. Todo es cuestión de confianza. No queremos desechar esta confianza, esta certeza, porque nos aporta la ayuda y la bendición del Señor.

(De un servicio divino del Apóstol Mayor)

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