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El camino hacia la Iglesia Nueva Apostólica (12): Sigue la insistencia para completar los doce

04.11.2013 Por: Manfred Henke

The Angel Evangelist Charles J. T. Boehm

The Evangelist William Rennie Caird

The Prophet Heinrich Geyer

El círculo de los Apóstoles estaba desapareciendo. Desde 1858 los ocho restantes contaban con que vendría otro tiempo sin Apóstoles. Pero a pesar de ello en 1859 y 1860 con Taplin y Geyer, los dos profetas por cierto más importantes de la Iglesia Apostólica de ese entonces, se sintieron impulsados por el Espíritu de Dios a llamar a nuevos Apóstoles para completar el círculo que se estaba comprimiendo cada vez más.

La muerte del Apóstol Carlyle acaecida el 28 de enero de 1855 fue percibida como una pérdida particularmente dura en el círculo de los Apóstoles. Su estrecho colaborador había sido el Evangelista-ángel Charles J. T. Böhm. Su trabajo en conjunto había sido tan estrecho que el libro “La Iglesia en nuestro tiempo” de 1843 surgió como una obra conjunta de ambos. El 17 de julio de 1859 Böhm fue llamado por Taplin, el “pilar” de los profetas, en la capilla de los Apóstoles de Albury “en el lugar” de Carlyle. También ha sido transmitido el texto del llamamiento. Sin embargo, su interpretación depende mucho de los signos que se le introdujeron con posterioridad. Así es posible traducirla de la siguiente manera:

“Jesús te llama, [a ti que eres un] embajador apostólico. Él quiere utilizarte a ti, ayudante, en el lugar de aquel que te ha convocado para trabajar junto con él. Él te reconocerá en el día de su venida. Trata de sellar. Trata de reunir y bendecir a los hijos de los que ya no están.”

El profeta-ángel alemán Geyer interpretó de esta manera las palabras del llamamiento. Durante bastante tiempo los Apóstoles vacilaron sobre cómo debían entenderse las palabras proféticas, lo que alentó a los profetas a no ceder en su insistencia por la “consumación de las órdenes”. Las palabras del llamamiento de Taplin indujeron al Apóstol Woodhouse a presentar al ángel Böhm del norte de Alemania como su ayudante. Pero todavía no se podía pensar que Böhm pudiese realizar Sellamientos. Esto obviamente seguía siendo una tarea del Apóstol. La tarea más importante de Böhm siguió siendo como Evangelista estar junto al Apóstol para impulsar el trabajo de los demás Evangelistas. Por algunos períodos no trabajó en Alemania sino que lo hacía en Dinamarca.

Ocupar las sillas vacías

En 1860 tuvo lugar en Albury la tercera de las conferencias proféticas. Entretanto tampoco Taplin estaba con vida. Con él había muerto el primero de los cuatro “pilares” del así denominado cuádruple ministerio. También los “pilares”, decidieron los Apóstoles que aún vivían, eran dados una sola vez por Dios y tampoco su lugar podía ser ocupado por otros varones.

Geyer informó retrospectivamente que él había llamado a Böhm y Caird como Apóstoles. Después de algunas vacilaciones los Apóstoles habían rechazado esos llamamientos. En los apuntes oficiales sobre las profecías del respectivo día –corría el 30 de mayo de 1860– no figura una profecía de ese tipo. Sólo las profecías autorizadas por los Apóstoles podían ser incluidas en el informe oficial y ser difundidas en las comunidades. Y los Apóstoles también en esa oportunidad se rehusaron al llamamiento de nuevos Apóstoles.

Max von Pochhammer, que como Evangelista obtuvo grandes logros en la fundación de las primeras comunidades del norte de Alemania, confirmó en 1892 que Geyer en 1860 efectivamente había pronunciado palabras proféticas sobre Böhm y Caird. No obstante agregó: “Esto suena como que aquellas profecías hubiesen contenido un claro llamamiento para el ministerio de Apóstol. Pero las palabras eran del tenor de haber sido cumplidas muy fielmente por el hecho de ser elegidos estos dos varones como coadjutores, es decir, ayudantes de los Apóstoles”.

Con esta explicación no se condice el hecho de que Böhm comenzara su actividad como coadjutor antes del llamamiento de Geyer y que Caird lo hiciera cinco años más tarde. Recién desde 1865 los coadjutores adquirieron importancia. Los Apóstoles, cuyo número era cada vez menor y que por su edad ya estaban débiles, enviaban a los coadjutores a los viajes para sellar y ordenar ministerios.

Geyer se manifiesta a Schwarz

Volviendo al año 1860: cuando Geyer regresó de Albury, su barco llegó a Hamburgo y antes de seguir viaje pasó la noche en lo del ángel de la comunidad local, Friedrich Wilhelm Schwarz. En 1891 recordó la conversación de ese entonces. Geyer le había contado que Dios había llamado a Böhm y Caird como Apóstoles. Él se había alegrado pero Geyer le había dicho que los seis Apóstoles no habían aceptado el llamamiento y habían querido que ambos fuesen coadjutores. Él no había estado satisfecho porque “primero algunos Apóstoles aceptaron el llamamiento de los dos hermanos y después de una conferencia de Apóstoles dijeron: ¡No aceptaremos entre nosotros a ningún Apóstol nuevo!”

En ese momento Schwarz le había aconsejado “quedarse callado y someterse a lo que habían planteado los Apóstoles, pues la responsabilidad está en los Apóstoles y no en ti”.

En ese momento, según Schwarz, había tenido la impresión de que Geyer se había ido “en paz a Berlín”. Pero esta paz no duró mucho.

Geyer llegó a la conclusión de que los Apóstoles ingleses se estaban oponiendo a la voluntad de Dios. En su interior dejó de obedecerles y comenzó a buscar en el círculo de los portadores de ministerio de Alemania del Norte a otros que estuviesen convencidos de lo mismo que él. Allí era evidente la esperanza de que Geyer pudiese tener razón con su perseverancia en la continuidad del ministerio de Apóstol, por lo que ofrecieron apoyo a Geyer sin manifestárselo a sus antecesores en la Iglesia.

 

 


¿Coadjutores en vez de Apóstoles?

La palabra “coadjutor” significa “asistente” y se utiliza ante todo en el derecho interno de la Iglesia. En la Iglesia Anglicana y en la Católica se les pueden dar coadjutores a los Obispos activos para que les ayuden, siendo cuando llegue el momento sus sucesores automáticos. Los Apóstoles ingleses se apartaron de esta reglamentación cuando finalmente instituyeron coadjutores para los Apóstoles.

En 1838 ya habían establecido que básicamente cada portador de ministerio debía tener un “ayudante” o “coadjutor”. Esta disposición fue llevada a la práctica para los ángeles y Ancianos de algunas comunidades grandes de Inglaterra, pero recién el 2 de agosto de 1865 los Apóstoles se ocuparon de adoptar una reglamentación sobre la institución y el ejercicio ministerial de los coadjutores.

Convocaron a una asamblea en Londres, en la que por llamamientos proféticos fueron nombrados algunos ángeles para que fuesen coadjutores ni bien un Apóstol les asignase un campo de actividad. Antes, basada en la profecía de Taplin mencionada en el artículo, sólo había un coadjutor de un Apóstol, que era Charles J.T. Böhm.

Por primera vez se establecieron las tareas de los coadjutores. Debían cumplir bajo la custodia y conforme a las indicaciones del Apóstol competente todas las tareas que correspondían a los Apóstoles, en particular también realizar ordenaciones y Sellamientos.

En el artículo precedente fue iluminado el hecho notable que desde 1858 para “consumación de las órdenes” fueron buscados doce profetas con el Apóstol, aunque en ese momento sólo había ocho Apóstoles. Algo similar ocurrió en 1865 cuando se comenzó a buscar doce coadjutores (ayudantes) de los Apóstoles, aunque sólo vivían cinco Apóstoles. Si vivía el Apóstol recibía a un coadjutor para su área de actividad original. Pero al mismo Apóstol también le eran asignados otros coadjutores, pues entretanto debía atender las áreas de otros Apóstoles ya fallecidos. También para ellos había coadjutores. Estos incluso eran más importantes que los coadjutores de los Apóstoles que todavía vivían, pues como representantes de su “tribu” podían participar del concilio de los Apóstoles.
Si moría el coadjutor designado para una “tribu”, ningún otro podía ser llamado. Y cuando en 1901 con Francis Valentine Woodhouse murió el último de los Apóstoles consagrados, los coadjutores que aún vivían no pudieron realizar más funciones apostólicas.

De manera tal comprobamos que en un tiempo en el que los Apóstoles contaban con el final de su actividad, en la medida de lo posible todavía reconocieron lo que faltaba en las “órdenes”, es decir en los ministerios de la Iglesia universal. Efectivamente se llegó a instituir un total de doce coadjutores. Mas no se logró encontrar entre los ángeles antes de la muerte del último Apóstol acaecida en 1901, el número completo de los “setenta” de aquellos “arcángeles” que debían dirigir en el futuro a la Iglesia en lugar de los Apóstoles.

 

Categoría: History, 150 Years, Events