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El camino hacia la Iglesia Nueva Apostólica (9): Asamblea de Apóstoles en 1851: expectativas defraudadas

05.09.2013 Por: Manfred Henke

En 1846 diez Apóstoles encontraron un compromiso que les posibilitaba continuar con la Obra comenzada en 1835. No obstante, no pudieron cumplir con las grandes expectativas generadas durante los años iniciales. El Apóstol Carlyle creía conocer la causa: ya no existía el “santo número doce”, por lo que no se podía producir el esperado envío de los Apóstoles en su pleno poder. Esto debería cambiar en Pentecostés de 1851, pero ¿también iban a quererlo los demás Apóstoles?

Se convoca una asamblea de Apóstoles

En 1846 se había acordado que Cardale convocaría de nuevo a los Apóstoles cuando él lo consideraba oportuno o cuando dos Apóstoles así lo deseasen. En febrero de 1851 dos Apóstoles presentaron una solicitud para que se realizara una asamblea. Como se había acordado, Cardale la organizó aunque no quiso responsabilizarse de las consecuencias ya que temía “todo tipo de males” dadas las diferencias de opinión que aún existían entre los Apóstoles. Si no se produjeran esos males y se tomaran decisiones positivas, entonces habría que agradecerle “a los dos hermanos que han asumido la responsabilidad de convocar la asamblea”, comentó Cardale a Drummond.
No disponemos de fuentes que nos revelen los nombres de quienes solicitaron se realice tal asamblea. Se presume que el Apóstol Carlyle fue uno de ellos, ya que nadie como él exhortaba a sus confiados a orar por el éxito del gran proyecto. Sus expectativas eran grandes: el número de Apóstoles debería volver a ser doce, los demás Apóstoles tendrían que llegar a “la plena actividad” y “ser unánimes en todo”. Con ello se tendría que cumplir el requisito del envío aún pendiente de los Apóstoles. Una vez cumplido este requisito “los Apóstoles tendrían un poder y una autoridad que hasta entonces no habían tenido”.

Generando expectativas

El 4 de abril de 1851, el Apóstol para el norte de Alemania transmitió este llamamiento a los creyentes de una pequeña comunidad de su área de trabajo. Inmediatamente lo imprimió para entregarlo a “los dirigentes de las comunidades para difundirlo en las comunidades, pero solamente en las comunidades”, para que los creyentes fueran alentados “precisamente en este momento, ya que ha llegado un momento trascendental en la historia de la Obra”, y que apoyasen a los Apóstoles “con oraciones aún más serias”.

El Apóstol Carlyle hizo hincapié en la importancia del momento con una interpretación (tipológica) de la historia del rey David. David, según tomó de las Sagradas Escrituras, fue tres veces ungido rey: en primer lugar, de manera oculta por el profeta Samuel (comparar con 1 S. 16:13), luego tras la muerte de Saúl, por los hombres de la tribu de Judá (comparar con 2 S. 2:4 ) y finalmente sobre todo Israel (comparar con 2 S. 5:3). La primera unción la comparó Carlyle con el llamamiento profético de los Apóstoles, la segunda con la consagración del 14 de julio de 1835 y la tercera con el envío que aún se esperaba. Desde la consagración los Apóstoles ejercían su ministerio para todos “los que los aceptan”. Tras su envío, los creyentes “cuyos corazones aspiran a alcanzar la perfección” los exhortarían “a tomar la posición que les correspondía, es decir en la cima de la Iglesia universal”. A continuación, todos aquellos “que no quieren ser perfectos, pasarán a la hora terrible de la tentación”. Sin embargo, el que acepte a los Apóstoles quedará librado de ello y “será arrebatado hacia el trono de Dios”.

Intensos debates

En la fiesta de Pentecostés del 2 de junio, los diez Apóstoles todavía activos se reunieron en la sala de consejo de Albury a la que, hasta ese momento, apenas le habían dado uso. Dos Apóstoles fueron enviados a los Apóstoles Dalton y MacKenzie respectivamente, para convencerlos de volver al seno de los Apóstoles. Los Apóstoles luego se reunieron entre el 1º y el 7 de julio y nuevamente el 8 de agosto, sólo para enterarse  de que la postura del Apóstol MacKenzie no había cambiado y que mientras tanto el Apóstol Dalton tenía “serias dudas con respecto a las pruebas bíblicas sobre el propósito divino de volver a dar Apóstoles y acerca del carácter divino de la Obra”.

En una carta al Apóstol Dalton, los diez dieron testimonio de que durante los cinco años que pasaron desde 1846 habían experimentado la presencia y la conducción de Dios a la hora de llevar a cabo sus tareas y que estaban firmes en la fe. Una vez más la división de opiniones en el círculo de Apóstoles impidió que se actuara de forma decisiva. Unos pensaban que se podía destituir a los Apóstoles inactivos y sustituirlos por otros. Otros, entre ellos Cardale, exigían para semejante paso una intervención especial de Dios, rechazando el pensamiento de que para este fin se podrían aceptar las profecías.

Consolidar lo existente

El Apóstol Carlyle se aferró a la esperanza de una “aceleración de la Obra” y creyó que él aún iba a vivir el envío de los Apóstoles. En cambio, sus colegas en el ministerio se adaptaron a la idea de tener que trabajar con un número de Apóstoles más reducido y de que no se podrían alcanzar los objetivos originales.

Cardale ya no esperaba grandes éxitos numéricos, pero intentaba mejorar el marco exterior del Servicio Divino, la disciplina del cuerpo ministerial, así como la vida espiritual. La nueva orientación además se manifestó en que los demás Apóstoles le entregaron de manera indefinida el cuidado de las siete comunidades de Londres (reducidas a seis tras el cierre de Westminster). Cardale también promovió la construcción de una iglesia impactante para la comunidad central, cerca de su vivienda particular. Como anexo a la iglesia, se edificó una pequeña capilla apostólica para Inglaterra con adornos especialmente bellos.

Los discursos y escritos del Apóstol Carlyle no sólo se publicaron en su área de trabajo en alemán, sino que también fueron traducidos al inglés para el área de trabajo del Apóstol  Cardale. No obstante, en el libro sobre El ministerio apostólico se suprimieron todas las alusiones a la Obra más grande de los Apóstoles y se eliminó el párrafo sobre las tres unciones de David. En Inglaterra se adaptaron a lo ya existente, se hizo más hincapié en la autoridad de los Apóstoles sobre las comunidades que ellos habían formado y se fue desplazando el envío, así como la Obra más grande, cada vez más hacia el futuro.

Decepción en el norte de Alemania

El Apóstol Carlyle se sometió a la decisión de los demás Apóstoles, pero a través de sus actos exteriorizaba críticas a su postura. Cuando en 1852 lo invitaron a colaborar en una nueva edición de la liturgia, pidió que eso se le encargara a aquellos Apóstoles que “no cuidaban a ninguna comunidad” (como Dow, Perceval, Sitwell y Tudor, así como, aunque en menor medida, Armstrong y King Church), es decir los que no habían conseguido mucho o nada en sus “tribus”.

El Apóstol Tudor no había hecho ni un solo intento de llegar a la gente de la nación polaca (cuyo territorio ahora estaba repartido entre Rusia, Austria y Prusia). Con su permiso, Carlyle trabajó como misionero con los polacos afincados en Prusia. La visita del Apóstol Dow a Noruega tampoco había dado frutos, por lo tanto el mismo Carlyle viajó en el otoño del año 1854 a Noruega y Suecia. Durante el viaje exigió tanto de su propio cuerpo que regresó en un estado de total agotamiento a Albury, donde falleció en la mañana del 28 de enero de 1855.

Entonces la necesidad de completar el círculo de los Apóstoles se hizo aún más apremiante. No obstante, una vez más los Apóstoles que quedaban rechazaron la incorporación de otros en su círculo. El área de trabajo del norte de Alemania, que había quedado huérfano, ahora estaría bajo el cuidado del Apóstol Woodhouse. De nuevo los portadores de ministerio del norte de Alemania se sintieron decepcionados, pero no abandonaron la enseñanza del Apóstol Carlyle: la esperanza de un envío de Apóstoles y que estos “tomen la posición que les correspondía en la cima de la Iglesia universal”.

Categoría: History, 150 Years, Events