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El camino hacia la Iglesia Nueva Apostólica (8): Después de la crisis: comienzo en Alemania

05.08.2013 Por: Manfred Henke

Durante la crisis de la Obra apostólica, la cantidad de miembros activos en las comunidades existentes en las islas británicas se redujo visiblemente. Recién a partir de 1847 volvió a aumentar. Al mismo tiempo comenzó a trabajarse en otros países, y en forma especialmente exitosa en el norte de Alemania.

La crisis había empezado cuando en 1841 dos Apóstoles recorrieron sus propios caminos. Y por problemas entre los diez restantes, se había agudizado. En 1846 la crisis llegó a su fin con un compromiso: cada Apóstol debía trabajar de allí en más en su propia área de actividad así como le pareciese adecuado. De manera tal que quedó libre para los Apóstoles el camino para su actividad de Sellamiento.

Reactivación después de la crisis

La repercusión de la crisis se hizo evidente ante todo en Inglaterra. En 1840 había allí 30 comunidades; la mitad fue cerrada en 1843. Diez de ellas pudieron ser reabiertas en 1848, pero el 40 por ciento de los antiguos miembros se apartó de los Servicios Divinos en forma permanente. Otro 20 por ciento fue regresando de a poco. Entre 1847 y 1852 el Apóstol Cardale selló a unos 2.300 adultos.

El Apóstol Drummond selló en Escocia a 215 creyentes, el Apóstol Armstrong en Irlanda a 140 creyentes. En el continente europeo se registraron éxitos en Suiza, donde entre 1850 y 1852 fueron selladas alrededor de 300 personas. En Francia pudieron ser sellados casi 250 creyentes, en Bélgica 20 y en Canadá y Estados Unidos 232.

A partir de esta base fueron notables los éxitos del Apóstol Thomas Carlyle en Alemania del Norte. Sólo en los primeros cinco años de actividad de Sellamientos fundó 17 comunidades y selló 1.004 nuevos miembros.

Límites de tolerancia estatal

En Prusia, el más grande estado de Alemania del Norte, la fundación de comunidades católicas apostólicas se vio favorecida por una legislación religiosa más tolerante en comparación con las demás. En una “patente sobre la formación de nuestras congregaciones religiosas” del 30 de marzo de 1847, el rey Federico Guillermo IV afirmó su voluntad de “mantener la libertad de fe y de conciencia”. Al mismo tiempo dio permiso para retirarse de la Iglesia Evangélica y la Iglesia Católica y fundar nuevas “congregaciones religiosas”. Esta medida debía inducir a los así llamados “disidentes” a irse de su Iglesia y así darle tranquilidad a la Iglesia nacional.

Las condiciones que parecían tolerantes acarrearon en la práctica muchas complicaciones. A causa de la realización de Bautismos, honras fúnebres y casamientos y los consiguientes registros en los libros de las Iglesias, los clérigos actuaban como representantes del Estado. Recién en 1874, el registro del “estado civil” pasó a manos de las ciudades y comunidades. En 1847 había sido anunciado un proceso de notificación estatal fuera de la Iglesia nacional, pero no se presentaron reglas para su realización. Provisoriamente los “actos oficiales” con efectos en la vida “ciudadana”, es decir los Bautismos, honras fúnebres y casamientos, los debía realizar, incluso después de retirarse de la Iglesia nacional, uno de sus clérigos “si el mencionado se mostraba dispuesto a hacerlo”. Los clérigos entonces no sólo tenían a su cargo el registro, sino que también realizaban el así llamado “acto oficial”. En el caso de un casamiento, luego de la dispensación de la bendición matrimonial evangélica como era requerida legalmente, aún seguía una bendición especial a cargo de un clérigo católico apostólico.

Problemas en la práctica de la fe

Carl Hennig era un anterior oficial sastre “que se llamaba a sí mismo Pastor de la Iglesia Apostólica”. En la localidad de Buchwäldchen en Silesia había fundado una comunidad apostólica. Cuando a fines del verano de 1851 se quiso casar, le fue comunicado que la proclamación pública y el casamiento en la Iglesia nacional sólo serían posibles “si depongo mi error y renuncio a mi misión como Pastor irvingiano, y que de lo contrario sólo me quedaría separarme también en lo exterior de la Iglesia Evangélica nacional”, Henning replicó entonces: “Como creo en un conjunto y no en una separación, de la Iglesia Evangélica nacional, que pertenece al misterioso cuerpo de Jesucristo no me he retirado”.

Aunque el casamiento de Henning se retrasó por un año, finalmente las autoridades eclasiásticas tuvieron que ceder. Fue similiar lo que aconteció en los casos en los cuales los clérigos locales querían negarse a bautizar a niños de padres apostólicos.

Defensores y adversarios

Los representantes de la Iglesia nacional estaban divididos en su posición frente a la evangelización católica apostólica, ya que esta se proponía que “al menos los miembros devotos y creyentes” de la Iglesia nacional “se uniesen a la perfecta constitución eclesial apostólica”. Algunos corresponsales de las autoridades eclesiásticas dejaron entrever que compartían la crítica católica apostólica sobre el estado de las Iglesias establecidas. Pero básicamente se atenían a “que la Iglesia Evangélica está en posesión de todos los medios de gracia que se necesitan para la salvación, y que por eso no dependía de esperar a nuevos Apóstoles y profetas”.

En febrero de 1848, las autoridades eclesiásticas querían hacer prohibir por la policía las reuniones de los cristianos apostólicos, pero no se llegó a hacerlo. En la tarde del 18 de marzo, un sábado, en el centro de Berlín se desataron violentas luchas entre ciudadanos y militares, que duraron hasta el domingo por la mañana. Los Servicios Divinos dominicales fueron suspendidos -menos uno-. El Apóstol Carlyle selló el 19 de marzo en un salón de un hotel a 60 personas. Los que fueron, tuvieron que escalar por las barricadas que habían sido erigidas el día anterior. Después de la revolución fueron limitadas las atribuciones de la policía.

Aunque las autoridades provinciales continuaron tratando de impedir oportunamente la difusión de la doctrina católica apostólica por medio de detenciones y deportaciones, no tuvieron éxito. Algunas personas influyentes de la sociedad y la política –como el publicista y político conservador Hermann Wagener- se confesaron a la fe católica apostólica, invalidando algunas medidas de efectos a largo plazo en contra de la difusión de la doctrina. En cada vez más lugares de Prusia, la realización del Bautismo por Pastores católicos apostólicos quedó exenta de castigos gracias a la influencia de los defensores y su diferente interpretación de las leyes. El Apóstol Carlyle no dudaba en exhortar a los Pastores a realizar Bautismos.

Al lado del Apóstol

Desde 1837 el Apóstol Carlyle, debido a sus largas permanencias en su futura área de actividad, había estado aprendiendo el idioma alemán. Con dos libros de su autoría logró llegar a nobles y ciudadanos con formación. Pronto Charles J. T. Böhm fue su más estrecho colaborador. Siendo hijo de padre de origen alemán y madre inglesa, nació en Copenhague y acompañó a su madre viuda en 1834 a Londres. Ahora viajaba –en parte solo y en parte junto con el Apóstol Carlyle- por el norte de Alemania como Evangelista. Así logró establecer contacto con el profesor de teología de Marburgo, Heinrich J. Thiersch, quien fue uno de los primeros sellados en Alemania. Thiersch, en consecuencia, abandonó su profesión de teólogo para ponerse al frente de la comunidad católica apostólica recién fundada en Marburgo y además, como “Primer Pastor apostólico” cultivar en nombre del Apóstol el contacto con los dirigentes y los Pastores.

Según la interpretación de aquel tiempo, los portadores de ministerio debían ser “llamados” por profetas. No obstante, estaba en manos de los Apóstoles decidir si los llamados debían ser ordenados. El Apóstol Carlyle primeramente era acompañado en sus viajes por diferentes profetas del círculo de los “siete profetas de la Iglesia universal”. Estos, a diferencia del Apóstol, no hablaban alemán. Desde 1850, Heinrich Geyer fue profeta con el rango de Pastor y desde 1852 con el rango de Obispo (denominado “ángel”) y acompañante permanente en los viajes del Apóstol Carlyle. Después de dedicarse a la fe católica apostólica había tenido que dejar su empleo como maestro de una escuela de pueblo en el reino de Hanóver y se había mudado a Berlín, donde apenas podía cumplir con diversas tareas de escritura.

También dos antiguos Pastores, Carl Rothe y Albert Köppen, tenían el rango de Obispos. Ellos conducían comunidades. Aunque Geyer como antiguo maestro de escuela estaba por detrás de ellos en cuanto a prestigio social, al ser el acompañante permanente del Apóstol en sus viajes y llamar proféticamente a todos los nuevos portadores de ministerio, era visto como una figura central entre los portadores de ministerio católicos apostólicos.

Apremios para un desarrollo más rápido

El Apóstol Carlyle seguía teniendo esperanza en la gran Obra que se esperaba originalmente entre todos los cristianos. También veía en su área de trabajo que casi no tenía acceso a los círculos católicos y criticaba la actividad limitada de sus Coapóstoles. El motivo, según él, estaba a la vista: todavía faltaba el pleno poder del ministerio apostólico. Una asamblea de Apóstoles en Pentecostés de 1851 debería preparar el camino para lograrlo.

 

El Sellamiento católico apostólico

El Sellamiento (también llamado “imposición de manos apostólica”) era realizado en adultos a partir de los 21 años. Se enseñaba que por él se transmitía la plenitud del Espíritu. El Espíritu Santo luego desarrollaba su actividad en el sellado como Espíritu de poder. Así la persona ya no debía vivir para sí misma, sino servir para todo el cuerpo de Cristo (la Iglesia). Además se enseñaba que el Sellamiento era un complemento del Bautismo al que debían aspirar todos los cristianos y la condición previa para participar del arrebatamiento de los ciento cuarenta y cuatro mil conforme a Apocalipsis 7.

Quienes iban a ser sellados se arrodillaban delante del altar. El Apóstol luego les imponía las manos y pronunciaba las palabras de Sellamiento. Previamente habían renovado su voto del Bautismo y traído una ofrenda especial.

Recién en años posteriores, la imposición de manos fue complementada con una unción. Algunos años después de 1863 fue posible que el Apóstol –que incluso se había debilitado mucho como para realizarlo- delegase la realización del Sellamiento a portadores del ministerio de Obispo.

 

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