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El camino hacia la Iglesia Nueva Apostólica (7): Crisis y un nuevo comienzo (1840-47)

05.07.2013 Por: Manfred Henke

Los Apóstoles esperaban juntos su envío. Sin embargo, ocho de ellos ya querían tener una impresión de sus futuras áreas de trabajo por lo que viajaron hacia allí. A su regreso, se vieron confrontados con enfrentamientos sobre el futuro camino de la Iglesia. Dos Apóstoles tomaron su propio camino. ¿Fue esto el final de la actividad apostólica?

Las “tribus” y la capilla de los Apóstoles

En junio de 1836 el Apóstol Drummond dio el impulso, a través de una profecía, para la división de los cristianos europeos en doce “tribus”. Cada Apóstol debería cuidar una “tribu” y familiarizarse con ella. El ejemplo bíblico eran los mensajeros que fueron enviados a Canaán. En sus futuras áreas de trabajo los Apóstoles y sus viajeros acompañantes deberían “buscar oro”, es decir, determinar qué era lo que quedaba del mensaje cristiano original.

Mientras ocho Apóstoles viajaron hacia sus “tribus” y cuatro se quedaron en Albury, el Apóstol Drummond encargó la construcción de una capilla de Apóstoles a su propia costa. Similar a las grandes catedrales inglesas, tenía una sala de consejo contigua con forma octogonal.

¿Quién dirige la Iglesia?

Justo cuando se había terminado la construcción de la capilla, la Obra que Dios quería realizar a través de los Apóstoles, entró en una crisis. Había diferentes opiniones sobre la relación de los Apóstoles con el concilio de la Iglesia, el “Consejo de Sion”. Un grupo considerable de portadores de ministerio veía al Consejo de Sion como un parlamento eclesiástico y consideraba que los Apóstoles eran los hombres que debían poner en práctica las decisiones de dicho parlamento. En cambio, los Apóstoles afirmaban que ellos eran los que hacían las reglas, respetando al concilio como una ayuda a la hora de formar sus propias opiniones.

Como consecuencia de estos conflictos, se suspendieron las reuniones del Consejo de Sion. En retrospectiva, Cardale opinó que esta lucha podría haberse evitado si los Apóstoles hubiesen aclarado cómo repartir las competencias entre ellos y el concilio de la Iglesia antes de irse de viaje.

La pérdida de la unión de los doce Apóstoles

Si bien los Apóstoles consiguieron que su punto de vista fuera aceptado, el Apóstol MacKenzie creyó que los Apóstoles no debían tener competencias tan grandes antes de recibir su envío. Por ende, no firmó la declaración conjunta de los Apóstoles. Mantuvo nuevas conversaciones en Albury, pero finalmente no se vio capaz de seguir sirviendo en el ministerio de Apóstol. Poco antes de su muerte se describió a sí mismo como el más débil entre los Apóstoles.

Antes que él, el Apóstol Dalton abandonó Albury. Se narra que este Apóstol criticó el estado de la “Obra”. Los documentos de los que disponemos en este momento no proveen más información. Volvió a su actividad de sacerdote anglicano. No obstante, más adelante (1859) volvió a estar activo como Apóstol. Por lo tanto, la literatura apenas habla del conflicto que había surgido con él y se tiene la impresión de que la crisis únicamente fue provocada por el Apóstol MacKenzie.

A comienzos de febrero de 1841 finalizó el obrar común de los doce Apóstoles. Inicialmente los diez Apóstoles volvieron a reunirse algunas veces, pero en 1844 transfirieron la dirección de la Iglesia a un comité de cuatro Apóstoles: los  Apóstoles King, Armstrong, Tudor y Sitwell. El ejemplo para ello fue la época entre 1838 y 1840, cuando ocho Apóstoles habían viajado a sus “tribus” mientras cuatro se habían quedado en Albury. Las siete comunidades de Londres, que por su función de modelo para la futura Iglesia debían ser dirigidas por los doce Apóstoles en conjunto, pasaron a partir de 1844 a estar bajo la dirección exclusiva del Apóstol Cardale como el Apóstol competente para Inglaterra. Todos los demás Apóstoles tenían libertad para disponer de su tiempo según creyeran conveniente.

¿Termina la Obra bajo la dirección de los Apóstoles?

Cada uno de los Apóstoles restantes manejó la nueva situación a su manera. En un momento, el Apóstol Drummond opinó que no podría haber una Iglesia tal y como la quería Dios antes del retorno de Cristo, sino únicamente indicaciones de cómo debería ser la Iglesia. En el mejor de los casos, él esperaba que algunas pocas comunidades pudieran servir como modelo para aquella Iglesia. De esta manera se anticipó a lo que más adelante sería la doctrina oficial de la Iglesia Católica Apostólica.

El Apóstol Carlyle seguía confiando en que el envío de los Apóstoles sí iba a producirse, igual que el plan de Dios con la Iglesia. Aprendió alemán y estuvo activando en Alemania, junto a los Evangelistas Böhm y Caird, con el fin de preparar futuras fundaciones de comunidades. Su insistencia en que fuera completado el círculo de los Apóstoles se entiende a raíz de la esperanza de que esto era necesario para que se pudiera producir el esperado envío de los Apóstoles con el pleno poder de su ministerio, así como por la expectativa de la realización de una obra sumamente importante, también en términos cuantitativos.

En base al Testimonio, el Apóstol Cardale redactó un manual para los sacerdotes y trabajó en una amplia liturgia. Para tener suficiente tiempo para esta tarea, el Apóstol se retiró temporalmente de la dirección activa de la Iglesia.

En este periodo se produjeron graves conflictos entre algunos portadores de ministerio, que debieron ser resueltos por los Apóstoles competentes, sin la ayuda de Cardale. Se discutía sobre detalles de lo que se esperaba en el futuro, así como sobre el tema de si una liturgia detallada –que determinaría con gran precisión la mayor parte del Servicio Divino mediante palabras establecidas para los siervos así como para la comunidad– no obstaculizaría el obrar del Espíritu Santo.

También hubo diferencias entre los Apóstoles Cardale y Drummond sobre cómo se debía llevar a cabo la liturgia. Resulta significativo que finalmente surgieran dos liturgias diferentes: una para Inglaterra y otra para Escocia.

Bajo la responsabilidad del Apóstol Cardale se le dio tanta importancia a la liturgia que se cerraron las comunidades más pequeñas, ya que las nuevas formas litúrgicas sólo podían realizarse en las comunidades más grandes. Los Evangelistas se sintieron entorpecidos en su labor, ya que después de cerrarse sus respectivas comunidades, a los creyentes que habían reunido en ellas les fue indicado volver a visitar los Oficios Divinos anglicanos.

La continuación del apostolado

En 1846 los Apóstoles abandonaron la condición de que todas las decisiones debían tomarse de manera conjunta. Decidieron que cada uno tendría que decidir qué se tenía que hacer en su tribu. Se renunció al comité de los cuatro en Albury. Con ello también se eliminó la imagen de que existía un comité para dirigir a la Iglesia en su conjunto. Los Apóstoles suspendieron las reuniones en común por tiempo indefinido. Cardale, por iniciativa propia, o a petición de dos otros Apóstoles, pudo convocar una nueva reunión. Esto ocurrió en 1851.

En la medida en que se fueran reuniendo comunidades, los Apóstoles competentes debían comenzar con los Sellamientos, algo que se llevaba esperando ya desde hacía 15 años. En mayo de 1847 se realizaron los primeros Sellamientos en Inglaterra. En Alemania, el Apóstol Carlyle selló el 17 de octubre de 1847 a los primeros creyentes en Fráncfort del Meno y el 19 de marzo de 1848 a un pequeño grupo en Berlín.

Categoría: History, 150 Years, Events