9.6.3 Transmisión de salvación para los difuntos

Según 1 Pedro 3:18-20, los que murieron en el diluvio recibieron particular atención de Jesucristo cuando después de su muerte en sacrificio les anunció el Evangelio en el reino de los muertos. El hecho de que los difuntos, para poder “vivir en espíritu", necesitan la proclamación del Evangelio, lo afirma también 1 Pedro 4:6: “Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios".

Jesucristo es Señor sobre muertos y vivos; su Evangelio es igualmente válido para ambos. Está en la voluntad de Dios que todos los hombres sean salvos (1 Ti. 2:4-6; Jn. 3:16), esto significa que la voluntad salvífica de Dios es universal. La salvación es ofrecida por la prédica, el perdón de los pecados y los Sacramentos, los cuales también están dirigidos a los difuntos. Es válido para ellos como para los vivos, que la fe en Jesucristo es imprescindible para alcanzar la salvación. La redención acontece únicamente a través de Jesús.

El encargo de Jesús de anunciar el Evangelio, perdonar los pecados y administrar los Sacramentos, es cumplido por los Apóstoles en los que viven como en los muertos. Ellos obran en lugar de Cristo y en su nombre. Así como Jesucristo ofreció sobre la tierra su sacrificio, la transmisión de salvación también se realiza sobre la tierra a través de los Apóstoles. Ya que los Sacramentos siempre tienen un lado visible, sólo pueden ser llevados a cabo en el ámbito de lo visible. El efecto de los Sacramentos como elementos esenciales de la transmisión de salvación, es el mismo para los vivos y para los muertos.

La dispensación del Santo Bautismo con Agua, el Santo Sellamiento y la Santa Cena para los difuntos tiene lugar al efectuarse en cada oportunidad un acto visible entre los que viven (ver 8 y 12.1.13). El efecto salvífico no redunda entonces en beneficio de los vivos sino solamente en el de los muertos.

Los difuntos que a través del Santo Bautismo con Agua y el Santo Sellamiento han experimentado el renacimiento de agua y Espíritu, se hallan en la misma posición que aquellos que murieron en Cristo (1 Ts. 4:16).

EXTRACTO

A partir del sacrificio de Cristo, la salvación también puede alcanzarse después de la muerte física. (9.6)

Los cristianos nuevoapostólicos interceden en oración por los difuntos: ruegan al Señor que brinde su ayuda a aquellas almas que han ido al mundo del más allá no estando redimidas. (9.6.1)

Los que están en Cristo, tanto los muertos como los que viven, pertenecen todos juntos a la Obra Redentora del Señor. En el mundo de allende como en esta tierra interceden ante Dios por los no redimidos. (9.6.2)

La voluntad salvífica de Dios es universal. El encargo de Jesús de anunciar el Evangelio, perdonar los pecados y administrar los Sacramentos, es cumplido por los Apóstoles en los que viven como en los muertos. (9.6.3)

El efecto de los Sacramentos es el mismo para los vivos y para los muertos. Los fallecidos que han experimentado el renacimiento de agua y Espíritu están en la misma condición que los muertos en Cristo. (9.6.3)

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