9.5 La condición de las almas en el más allá

La condición de las almas en el mundo del más allá es expresión directa de su cercanía o lejanía de Dios, y por eso es muy diferente. Por la muerte, las almas no han experimentado cambio alguno. Su condición, más bien, es idéntica a la que tuvieron durante su vida.

En relación con la cercanía o la lejanía de Dios también utilizamos el término “ámbito". El ámbito al cual llega el alma en el más allá, depende de la conducta que ha tenido el individuo frente a la voluntad de Dios. Cada uno es responsable por sí mismo. Por ejemplo, la fe o la incredulidad, el buscar la reconciliación o ser irreconciliable, el amor o el odio, no sólo modelan al hombre en este mundo, sino también para el de allende.

En 1 Tesalonicenses 4:16 se puede leer de “los muertos en Cristo". Son las almas que renacieron por agua y Espíritu y que se esforzaron seriamente por vivir su fe. La comunión con el Señor a la que llegaron en su vida sobre la tierra a través del Santo Bautismo con Agua y el Santo Sellamiento y que han cultivado en la Santa Cena, sigue existiendo después de la muerte. Junto a los creyentes de la tierra pertenecen a la comunidad del Señor y se hallan en una condición de justicia ante Dios (ver 4.2.1.2 y 4.8.2). Para tales almas, la preparación para el retorno de Cristo fue un elemento esencial de su vida terrenal y el anhelo por ese instante también las llena en el más allá. Ellas son y seguirán siendo devotas al Señor, experimentan seguridad y paz.

Sobre la posibilidad de una condición de seguridad, ya habla la Sabiduría de Salomón 3:1-3: “Las almas justas están en la mano de Dios y ningún tormento las alcanzará. Los incomprendidos les consideran como moribundos y toman su despedida como una desgracia, y su partida como una pérdida; pero ellos están en paz".

Los difuntos en Cristo tienen acceso a la palabra de Dios. En la palabra, así como a través de la Santa Cena que les dispensan los Apóstoles (ver 12.1.9 y 12.1.13) reciben lo que necesitan para alcanzar la vida eterna.

También llegan al más allá almas que han renacido y que no han vivido su fe. Para reparar sus insuficiencias necesitan, así como sucede en la tierra, la gracia del Señor en palabra y Sacramentos.

En el más allá, las almas que nunca han escuchado sobre el Evangelio, que nunca han experimentado el perdón de los pecados y que no han recibido Sacramento alguno, se encuentran en una condición de lejanía de Dios, la cual sólo puede ser superada creyendo en Jesucristo, aceptando su mérito y recibiendo los Sacramentos.

EXTRACTO

El concepto “más allá" se refiere a todos los ámbitos, procesos y condiciones que se hallan fuera del mundo material. A menudo el más allá se equipara con el reino de los muertos. (9.4)

Cristo, la “primicia de la resurrección" derrotó a la muerte y con ello hizo accesible a las almas del más allá la posibilidad de llegar a estar cerca de Dios. (9.4)

La condición de las almas en el mundo del más allá es expresión directa de su cercanía o lejanía de Dios, siendo idéntica a la que tuvieron durante su vida. Los renacidos que pertenecían al Señor se hallan en una condición de justicia ante Dios. La almas que nunca han escuchado sobre el Evangelio ni experimentado el perdón de los pecados ni recibido Sacramento alguno, se encuentran en una condición de lejanía de Dios, la cual sólo puede ser superada creyendo en Jesucristo, aceptando su mérito y recibiendo los Sacramentos. (9.5)

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