8.3.9 Efectos del Santo Sellamiento

A través del Sacramento del Santo Sellamiento, el creyente bautizado se llena de Espíritu Santo, de poder divino (ver 3.5.2).

Mediante el Santo Sellamiento, el Espíritu de Dios hace morada permanente en el hombre. Dios mismo permite ser partícipe de su ser: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (Ro. 5:5). La primera relación de cercanía del hombre con Dios iniciada en el Bautismo con Agua, recibe con la filiación divina una nueva calidad.

Por el renacimiento de agua y Espíritu, el creyente además es convocado por Dios para la primogenitura. Por lo tanto, el renacimiento tiene, en términos del reino de Dios, un aspecto presente y uno futuro (Jn. 3:5).

El efecto presente del renacimiento, la filiación divina, representa algo así como una antelación de la primogenitura, el “real sacerdocio" (1 P. 2:9). En este sentido, la “filiación divina" es entonces aquella situación del hombre ante Dios que se caracteriza por la recepción de todos los Sacramentos, por la fe en la prédica apropiada del Evangelio y la orientación de la vida al retorno de Cristo.

El “Espíritu infantil", que se hace efectivo en el hombre mediante el Sellamiento, se dirige a Dios en confianza con: “¡Abba, Padre!". El Espíritu Santo da testimonio a aquellos que lo han recibido, de que son hijos de Dios (Ro. 8:16). Esto acontece en la conciencia (ver 4.2.1.3), pero también en el anuncio que tiene lugar en el Servicio Divino.

En el Santo Sellamiento, el creyente se entrega al trino Dios y Dios lo acepta como su propiedad. Esto significa que el renacido se convierte en heredero de Dios y coheredero con Cristo. Es llamado a padecer juntamente con Cristo y le es prometido ser glorificado juntamente con Él (Ro. 8:15-18).

Con el Santo Sellamiento se perfecciona la entrega a Cristo iniciada en el Santo Bautismo con Agua. El creyente recibe la vivificación espiritual que lo lleva a estar en comunión con el Señor que vendrá nuevamente (Stg. 1:18; Ap. 14:4). Así forma parte de aquellos que Dios prepara dentro de la Iglesia a través de los Apóstoles para el retorno de Cristo y ser partícipes de las bodas en el cielo (Ap. 19:7-8).

La presencia duradera del Espíritu Santo en el hombre también tiene efectos profundos y perceptibles en la vida sobre la tierra: si el sellado le da cabida al Espíritu Santo para que se despliegue, se desarrollarán virtudes divinas tal como las describe el Apóstol Pablo en la imagen de los “frutos" del Espíritu Santo (Gá. 5:22-23).

El Espíritu de Dios se muestra como luz que posibilita el reconocimiento de las coherencias divinas. Él es consolador y sostén. El Espíritu Santo también exhorta al sellado, fortalece su conciencia y le brinda orientación en el camino hacia la meta de la fe.

EXTRACTO

El Santo Sellamiento presupone que el que lo recibe tenga fe en el trino Dios, que previamente haya sido bautizado con agua y que posea fe en los Apóstoles enviados por Jesucristo. (8.3.7)

En el Santo Sellamiento se consuma aquello que fue comenzado en el Santo Bautismo con Agua: el renacimiento de agua y Espíritu. La nueva criatura que tiene su origen en el renacimiento, hace referencia a la santificación y la nueva creación que acontecen por medio de Dios, el Espíritu Santo. (8.3.8)

En el Santo Sellamiento, el creyente bautizado se llena de Espíritu Santo en forma duradera. (8.3.9)

Efectos del renacimiento de agua y Espíritu son la filiación divina y el llamamiento a la primogenitura. Si el sellado le da cabida al Espíritu Santo para que se despliegue, se desarrollarán virtudes divinas. (8.3.9)

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