8.3.4 El derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés

En sus palabras de despedida, Jesucristo prometió reiteradamente a sus Apóstoles el envío del Espíritu Santo; así por ejemplo: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí" (Jn. 15:26). Esta promesa se cumplió en Pentecostés, cuando los Apóstoles con los discípulos y discípulas fueron llenos de Espíritu Santo (Hch. 2:1-4).

En ambos acontecimientos fundamentales, Dios actuó en forma directa; esto representa simbólicamente el Sacramento del Santo Sellamiento: con Espíritu Santo selló a Jesús y dio testimonio de que Él es el Hijo de Dios. Con Espíritu Santo selló a los Apóstoles y a los creyentes que estaban en comunión con ellos.

A aquellos que después de la prédica de Pentecostés habían llegado a tener fe en Cristo, Pedro les respondió la pregunta de qué debían hacer: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hch. 2:38). Aquí se ve que el Santo Bautismo con Agua es una condición previa para recibir Espíritu Santo.

Constituye una excepción lo acontecido en lo del centurión Cornelio: a personas no bautizadas Dios les dio directamente el Espíritu Santo, a fin de mostrar al Apóstol Pedro que la salvación de allí en más también era accesible para los gentiles. Por eso, en este caso especial el Santo Bautismo con Agua recién fue realizado después de haber sido dispensado el Espíritu (Hch. 10).

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